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lunes, 1 de mayo de 2017

Mark Collett - El Triunfo del Ello y el Conservadurismo



     En esta cuarta y última entrada con capítulos del libro publicado este Enero de 2017 del político británico Mark Adrian Collett (1980) The Fall of Western Man, esta vez en castellano el Nº 20 y el 21, redondeamos el pensamiento de un hombre que a falta de expresarlo con retórico estilo lo hace con una sinceridad, una claridad y una lucidez que son de destacar. Habla aquí el autor, recurriendo a la terminología freudiana de los componentes del Inconsciente de que hace uso en todo el libro, de cómo se ha forzado culturalmente en Occidente la victoria del Ello (los deseos más fuertes e irracionales), con la decadencia social que ello implica, y luego de una falsa salvación política propuesta que es el Conservadurismo, una mentalidad militarmente inútil y apropiada para temperamentos pusilánimes, que obviamente siempre tienen mucho que perder por ser eminentemente defensivos.


La Caída del Hombre Occidental (4 de 4)
por Mark Collett
Enero de 2017



Capítulo 20
EL TRIUNFO del ELLO y la MUERTE de OCCIDENTE


     La muerte del Superyó occidental precede a la caída del hombre occidental y a la destrucción de la propia civilizacion occidental. El período en el que estamos viviendo ahora puede ser descrito como los tiempos del final para la civilización occidental, y las pocas siguientes generaciones del hombre occidental presenciarán la muerte de Occidente. Las condiciones para una tormenta perfecta están ahora en su lugar, y en aquella tormenta el Occidente será eliminado y consignado a los libros de Historia, si en efecto los libros de Historia alguna vez han de ser escritos otra vez en ausencia del hombre occidental.

     La muerte de Occidente no ocurrirá en una magnífica aunque trágica batalla final que eclipse a todas las otras que han ocurrido antes de aquélla. La muerte de Occidente no ocurrirá en alguna "guerra racial" o en una serie de grandes conflictos donde las líneas de batalla estén claramente dibujadas y los ejércitos choquen en un épico encuentro militar final. La muerte de Occidente será una que se arrastra lentamente, como un cáncer que desgasta a un organismo, debilitando lentamente a la criatura sufriente durante un largo período de tiempo. La muerte de Occidente será parecida a una muerte producto de mil cortes más bien que de un golpe significativo.

     Muchos han teorizado que finalmente los inmigrantes que han venido para instalarse en Occidente y cuyas comunidades han crecido en tamaño se convertirán un día en el hombre occidental, y que las comunidades extranjeras formarán una quinta-columna dentro de Occidente e iniciarán un gran conflicto en suelo occidental. Esta teoría imagina un conflicto racial o religioso a gran escala entre el hombre occidental y aquellos inmigrantes que han venido para instalarse y que sin embargo han retenido una cultura que es hostil a la cultura occidental.

     Esta teoría de una gran guerra no sólo es engañosa sino también muy perjudicial para la causa de salvar al hombre occidental. Ella se basa en la idea de que el hombre occidental es aún quien fue una vez y que él todavía tiene su mente, cuerpo, alma y corazón intactos. La idea de una gran guerra racial o religiosa —y una donde el hombre occidental sería victorioso— es realmente ridícula. Esa guerra nunca ocurrirá, pero en cambio la muerte de Occidente ocurrirá casa por casa, calle por calle, pueblo por pueblo y ciudad por ciudad, como una progresiva mortaja cayendo sobre las naciones occidentales.

     Detengámonos durante un minuto y analicemos realmente la teoría detrás de la idea de un conflicto racial o religioso en el nivel que algunos teorizan; más aún, miremos el resultado probable si tal guerra llegara a ocurrir. Para que un conflicto gigantesco sumerja a una nación, las líneas de batalla deben formarse primero, y para que eso ocurra deben existir grupos homogéneos diferentes. Los grupos homogéneos se forman en base a lazos comunes entre la gente que compone aquellos grupos.

     Allí está el primer problema principal con la idea de una guerra racial o religiosa: mientras las diferentes culturas y razas que han emigrado a Occidente han retenido su conciencia de grupo, el hombre occidental no. Si hubiera un conflicto racial o religioso los individuos dentro de comunidades homogéneas se unirían para proteger su propia comunidad, pero tristemente el hombre occidental con poca probabilidad se uniría con sus hermanos y hermanas y sería incapaz de formar un grupo homogéneo. La tendencia a la individualidad y el aislamiento que ha sido impulsada sobre el hombre occidental por los enemigos de Occidente lo ha privado de los lazos comunes que alguna vez ligaron a la sociedad occidental.

     El hombre occidental ya no tiene los lazos culturales, tradiciones y valores morales comunes que alguna vez lo vincularon a sus hermanos y hermanas. La sociedad occidental ya no es homogénea y cohesiva; la sociedad occidental es un grupo sueltamente tejido de individuos que ya no están relacionados unos con otros. Las subculturas que han aparecido y han sido adoptadas con tanto entusiasmo por el hombre occidental lo han conducido a grupos cada vez más pequeños que ya no están relacionados entre sí.

     El hombre occidental solía conocer a sus vecinos; de hecho, él conocía a cada uno en su calle y las calles adyacentes donde él vivía. Él trabajaba con sus vecinos, bebía con sus vecinos e iba a la iglesia con ellos. Cada uno en la sociedad occidental se conocía entre sí y los vínculos comunes que ellos compartían los mantenían unidos como comunidad. Ahora mucha gente occidental ni siquiera conoce los nombres de aquellos que viven al lado, mucho menos los nombres de todos aquellos que viven en su calle. Las tabernas del hombre occidental han sido cerradas, su industria ha sido exportada y sus iglesias están vacías.

     Esto es lo completamente opuesto de la situación que puede ser observada en las comunidades inmigrantes que han venido a instalarse en Occidente. Los inmigrantes que se han establecido en naciones occidentales han formado sus propias comunidades fuertes y unidas donde la gente se conoce entre sí, donde hay líderes comunitarios establecidos que ordenan el respeto, donde familias enteras viven en la misma calle y donde cada uno conoce los nombres de sus vecinos. La gente en esas comunidades cuida de los otros, hacen negocios unos con otros y van a los mismos templos. Esas comunidades aprecian sus tradiciones y desean conservar la herencia compartida que les fue transmitida por sus antepasados y que ahora actúa como el adhesivo que mantiene unida a su comunidad.

     Si el hombre occidental se viera forzado a unirse como grupo a fin de luchar contra una quinta-columna dentro de su propia nación, ¿cómo él lo haría? La respuesta es clara: él se vería abrumado. La sociedad occidental es un grupo dispar; una débil colección de individuos. Muchos de esos individuos no querrían siquiera estar unos con otros ya que no se conocerían mutuamente y no serían capaces de relacionarse entre ellos. Por otra parte, muchas comunidades inmigrantes serían fuertes y estarían como una sola. Las implicaciones de esto no necesitan ser explicadas en detalle.

     La segunda razón principal de por qué el hombre occidental no surgiría victorioso de una guerra civil basada en líneas étnicas o culturales es que el hombre occidental ya no tiene las prioridades adecuadas en la vida. El hombre occidental es ahora materialista, individualista y hedonista. El hombre occidental no sólo carecería de la fuerte comunidad y de la conciencia de grupo necesaria a fin de tener una posibilidad de ganar una guerra civil, sino que también carecería de la motivación para luchar, ya que el hombre occidental ya no ve valor en nada genuinamente significativo o que valga la pena.

     Cuando se hicieron grandes sacrificios y se desplegaron grandes actos de valentía, como en la Batalla de Viena, los hombres que encararon tales aplastantes probabilidades en contra tenían creencias fuertes que permitieron que ellos anularan su instinto de preservación individual a fin de servir al bien mayor de su gente. Cuando uno se enfrenta a la muerte casi cierta, la tendencia natural —proporcionada por el Yo (Principio de Realidad)— es huír. Sin embargo, un Superyó desarrollado puede anular aquel instinto, y la preservación del grupo es puesta antes que la preservación del individuo.

     Los grandes sacrificios hechos por el hombre occidental en todas partes de la Historia eran indicativos de sus prioridades en la vida. El hombre occidental priorizaba cosas que lo hacían espiritualmente fuerte: familia, gente, fe y suelo. El hombre occidental tenía profundas conexiones con su familia nuclear inmediata, con la comunidad en la cual vivía, con su religión y con la tierra que él llamaba hogar. Ahora el hombre occidental está desconectado de todas esas cosas. La familia nuclear ha sido socavada, la comunidad occidental está fracturada, la religión ha sido o diluída u olvidada, y finalmente el hombre occidental ya no está relacionado con el mundo natural alrededor de él, y en cambio se ha encapullado en paredes de ladrillo y concreto donde él contempla irreflexivamente una variedad de parpadeantes pantallas.

     Las prioridades del hombre occidental en la vida lo hicieron fuerte y le dieron buenas razones para luchar; sin embargo, sus prioridades en la vida han cambiado ahora. El individualismo, el hedonismo y el materialismo se han convertido en las nuevas prioridades para él, pero todas aquellas ocupaciones son egoístas y están centradas en el placer personal y en la auto-satisfacción. Alimentar aquellos placeres es la prioridad, lo que significa que en tiempos de conflicto el hombre occidental es muy probable que huiría con tanta riqueza como pudiera llevar consigo o se escondería a fin de vivir otro día con la esperanza de seguir buscando el placer personal más tarde.

     Recuerde los días de la Primera Guerra Mundial, el período más sangriento y más destructivo de la guerra que el mundo haya conocido alguna vez. ¿Qué motivaba al hombre occidental a salir de sus trincheras y cargar contra emplazamientos de ametralladora protegidos por cercas de alambre de púas? La guerra de trincheras es uno de los tipos de combate más brutales que el mundo haya conocido, y uno que ve enormes cantidades de bajas aumentar muy rápidamente; las maniobras ofensivas de hecho eran a menudo casi suicidas. Y a pesar de todo, ¿qué motivaba a los hombres jóvenes a excederse y afrontar la muerte cierta? Los hombres valientes que se lanzaban a cercas de alambre de púas y que eran segados por el fuego de las ametralladoras, estaban motivados por prioridades espirituales que reforzaban su resolución y permitían que ellos anularan su propio natural instinto de supervivencia.

     Esos mismos llamamientos espirituales al pueblo, la fe y la familia pueden estar perdidos para el hombre occidental, pero eso no significa que ellos se hayan perdido para las comunidades inmigrantes que se han instalado en las naciones occidentales. Muchas de las comunidades inmigrantes que viven en el mundo occidental todavía forman familias fuertes, tienen bajas tasas de divorcio, asisten a instituciones religiosas con regularidad y, como se dijo antes, son parte de una comunidad apretadamente tejida. Esas prioridades espirituales más altas son lo que motiva a la gente a luchar con valentía.

     Los enemigos de Occidente han despojado al hombre occidental de su espiritualidad y han dañado el alma occidental, reemplazando las vocaciones naturales del hombre occidental con falsos y aberrantes ídolos. Pero las comunidades inmigrantes que han inundado Occidente han retenido su vocación espiritual y han seguido priorizando las cosas correctas en la vida. Como tales, si alguna vez surgiera un conflicto, el hombre occidental no lucharía con el fervor de sus enemigos sino que simplemente trataría de vivir otro día a fin de continuar su búsqueda de placeres individualistas. Al despojar al hombre occidental de sus razones para luchar, los enemigos de Occidente han realizado una horrible artimaña: ellos han dejado al hombre occidental no sólo aislado sino también careciendo de las convicciones y motivaciones internas que hicieron del hombre occidental un guerrero tan formidable.

     Finalmente y de forma completamente crucial, si una guerra racial o religiosa hiciera erupción realmente y sumergiera a las naciones occidentales en un estado de guerra civil, el hombre occidental ¿se permitiría participar en un conflicto donde las líneas de batalla hubieran sido dibujadas en base a la pertenencia étnica de los combatientes? La sociedad occidental está fracturada; el hombre occidental es disímil e individualista, pero también está lavado de cerebro y esclavizado por nociones de la culpa Blanca que provienen de falsas narrativas históricas de su pasado colonial, la esclavitud y el "Holocausto". El hombre occidental ha tenido sometido su corazón valiente por miedo a ser llamado un "racista".

     ¿Tendría el hombre occidental lo que se requiere para participar realmente en un conflicto étnico sin temer que él fuera de algún modo "racista" por levantar una mano para auto-defenderse?. El hombre occidental ¿simplemente negociaría y moriría antes que participar en una batalla donde las líneas fueran dibujadas por razones raciales o religiosas?. ¿Podría el hombre occidental luchar para defender a la misma gente que le han enseñado a odiar? Grandes sectores de la sociedad occidental diferirían el asunto activamente y morirían, o peor aún, atacarían a los pocos hombres occidentales que procuraran unirse y defender sus familias y lo que quedara de sus comunidades.

     Algunos pueden burlarse de esta aseveración y afirmar que "cuando llegue el tiempo" el hombre occidental "despertará" y hará lo que es "necesario". Sin embargo, aquellos que creen que los años de lavado de cerebro por parte de los medios de comunicación serán deshechos en un solo momento, de manera similar a una conversión tipo "camino a Damasco", son simplemente ilusos. El caso de las bandas musulmanas acosadoras de niñas puede ser citado de nuevo: miles de jóvenes muchachas occidentales han sido abusadas sexualmente por inmigrantes islámicos, y sin embargo durante más de una década hubo silencio con respecto a dicho asunto ya que la gente temía que sería peor correr el riesgo de ser llamado "racista" que ver a muchachas occidentales siendo sexualmente abusadas.

     El hombre occidental ya no es valiente ni intrépido sino que es ahora cobarde y pusilánime. ¡El pensamiento de llegar a ser alguien "socialmente inaceptable" es ahora más espantoso que la realidad de tener violada a una hija! La absurda noción de que una sola palabra podría poner a un hombre adulto de rodillas y hacerlo colapsar en medio de un ataque de protestas y disculpas debería ser risible; y a pesar de todo éste no es ningún asunto de risa. Tan pronto como es usada la palabra "racista" ella silencia cualquier forma de debate o discurso y deja al acusado suplicando a fin de que la audiencia más amplia vea que él no es "racista" sino de hecho "tolerante" y totalmente a favor de la "diversidad".

     Imagine durante un segundo que una gran guerra civil estuviera a punto de estallar en las naciones occidentales y que las divisiones en esa guerra estuvieran formadas en base a la pertenencia étnica. Si el hombre occidental se levantara para defenderse, sería acusado por sus propios extraviados hermanos y hermanas de ser "racista". Tristemente, esas acusaciones harían que grandes cantidades de hombres occidentales inclinaran sus cabezas y se sentaran dócilmente para esperar su destino, ya que para algunos ¡incluso la muerte es preferible a ser etiquetado como un "racista"!.

     No subestime la capacidad de la palabra "racista" para desarmar al hombre occidental. Hay libros escritos que se titulan "Privilegio Blanco", programas de televisión por encargo llamados "Culpa Blanca" donde la gente occidental se sienta y conversa sobre sus horribles sentimientos de culpa por los "crímenes" de sus antepasados, e incluso tienen lugar marchas donde la gente occidental se encadena a sí misma como esclavos y pasean por las ciudades llevando puestas camisetas que proclaman que ellos están "muy apenados". No subestime el efecto que el prolongado mensaje de la culpa Blanca y el auto-odio ha tenido sobre la mente del hombre occidental.

     Incluso si usted decide ignorar la pérdida de la comunidad, la pérdida de una razón para luchar y el temor a ser llamado "racista", está todavía la cuestión del nivel de capacidad física del hombre occidental. El hombre occidental ¿tiene siquiera la capacidad para luchar en una guerra civil? La respuesta es probablemente no. Si hubiera alguna vez un gran conflicto, ¿cómo el flácido e incompetente hombre occidental lo afrontaría?. ¿Se desempeñaría él admirablemente en el campo de batalla, o pondría él su comida basura a un lado, se levantaría de su sofá, apagaría el televisor y saldría de su casa en un estado que lo vería corto de aliento antes de que él siquiera hubiera visto a su enemigo? Nuevamente, ésta es una pregunta que no requiere ninguna respuesta.

     Entonces, si la muerte de Occidente se está acercando rápidamente, y si la muerte de Occidente no ocurrirá mediante una lucha civil o guerra, ¿cómo ocurrirá? Muy simplemente, la muerte de Occidente ocurrirá mediante el cambio demográfico. Ocurrirá casa por casa, calle por calle y ciudad por ciudad. Será un lento proceso que se acelerará con el tiempo hasta que el hombre occidental sea una minoría en sus propias tierras y sea finalmente desarraigado de la existencia. Éste no será un genocidio por la espada o por balas, sino un genocidio por medio de la diversidad y un silencioso cambio demográfico.

     Cientos de miles de inmigrantes inundan las naciones occidentales cada año. Por cuanto aquellos inmigrantes tienen un índice de natalidad mucho más alto, y porque el índice de natalidad del hombre occidental está en una espantosa decadencia, la tendencia es clara. A medida que pase el tiempo, el hombre occidental se hará menos dominante dentro de la población total hasta que finalmente se convertirá en una minoría en su propia tierra. Eso comenzará con casas en las mismas calles siendo lentamente compradas en grandes cantidades por aquellos de un mismo grupo étnico que desean vivir unos cerca de otros. Entonces cuando varias calles estén todas en manos de un cierto grupo étnico, el área se transformará lentamente entonces con tiendas, centros sociales y edificios religiosos erigidos para servir a la población inmigrante. Finalmente, como cada vez más gente de aquel grupo étnico se arracima y como ellos tienen cada vez más hijos, no sólo serán calles o áreas las que cambien sino pueblos y ciudades enteras.

     Por supuesto, nada de esto sucede de la noche a la mañana; es un proceso que se arrastra lentamente y uno que es ayudado por el hombre occidental mismo. El hombre occidental ahora tiene menos hijos y está cada vez más impaciente por venderlo todo y alejarse de áreas que están experimentando el cambio demográfico. El hombre occidental hace eso a fin de evitar la cuestión que lo rodea y que finge que no está sucediendo; después de todo, oponerse a este cambio demográfico pondría al hombre occidental en peligro de ser etiquetado como un "racista". Hemos visto ya que el índice de natalidad del hombre occidental ha caído a un mínimo de un 1,3%, un crítico mínimo del cual bien puede no haber ninguna reversión.

     Los grupos étnicos que vienen a Occidente tienen una población en auge y el sonido de sus niños jugando llenará las calles, y a la inversa, el sonido de las toses y los esputos del hombre occidental llenarán los hogares de ancianos. Las comunidades inmigrantes juveniles y fuertes que han sido formadas en las ciudades occidentales crecerán y prosperarán, mientras la población occidental literalmente se marchita y muere. No habrá ninguna necesidad de un conflicto civil o una guerra que sumerja a las naciones; la guerra será ganada lentamente y Occidente morirá una muerte prolongada y poco digna. A mediados del siglo XXI el hombre occidental ya no será la mayoría en la mayor parte de las naciones occidentales. Hacia aquel tiempo todo el paisaje político y social en Occidente habrá cambiado tan dramáticamente que Occidente estará efectivamente en su lecho de muerte. Aquellos que fantasean acerca de una guerra civil o que desean un glorioso contragolpe ya no estarán en condiciones de organizar aquella resistencia: el cambio demográfico dejará al hombre occidental como una minoría disímil buscando la seguridad individual.

     Admitámoslo, las comunidades inmigrantes bien pueden ser más atrevidas cuando los datos demográficos hayan cambiado posteriormente en su favor. Es muy probable que el hombre occidental sea cada vez más víctima de ataques racialmente o religiosamente motivados. El hombre occidental muy probablemente presenciará escaramuzas que vean lo que queda de su comunidad siendo expulsado de áreas donde él se ha convertido en una minoría. Lo que es más, el hombre occidental será probablemente reprendido por no seguir las reglas religiosas o culturales que han sido impuestas sobre él por la población inmigrante. Pero si el hombre occidental no combate contra esas cosas ahora, cuando él es una mayoría, ciertamente no se defenderá contra ellas cuando sea una minoría envejecida que ha experimentado más décadas de lavado de cerebro y culpa Blanca impulsada por los medios de comunicación.

     El hombre occidental bien puede ver incrementarse disturbios racial o religiosamente motivados dentro de pueblos y ciudades donde él fue una vez mayoría. El desorden civil y la violencia dirigida contra el hombre occidental por aquellos de las comunidades inmigrantes también bien pueden aumentar con el tiempo. Más aún, los disturbios y el desorden civil podrían durar días o incluso semanas a la vez. Puede haber casos donde el hombre occidental forme pequeños bolsillos de resistencia contra tal violencia. Pero sin una comunidad organizada, sin una moral compartida, sin prioridades más profundas y espiritualmente significativas no habrá una resistencia organizada a escala nacional. Lo que es más, cualquiera que planee tal resistencia tendrá el espectro de la palabra "racista" colgando sobre sí.

     Cuando todo esto se despliega, cuando la locura alcanza un crescendo y la declinación de la civilización occidental se acelera, ¿qué del hombre occidental, qué pasará con él? A medida que las cosas empeoren —lo que inevitablemente harán, ya que las ciudades y los pueblos se están convirtiendo en sitios extranjeros y el hombre occidental se convierte en un forastero en su propia tierra— la mayoría de la gente occidental ni siquiera lo notará. El hombre occidental estará demasiado ocupado en fiestas, consumiendo y retirándose a su propio mundo privado. El hombre occidental tocará el laúd mientra Roma se quema.

     Con la muerte del Superyó occidental viene el desencadenamiento del Ello. Sin un Superyó desarrollado actuando —y sin una conciencia de comunidad— el hombre occidental será reducido a la condición de una criatura que simplemente sigue sus más bajos instintos. A medida que el Occidente se derrumba, y cuando el hombre occidental se convierte en una minoría, él estará demasiado ocupado hartándose de comida basura, abusando de alcohol y drogas, celebrando en clubes nocturnos, teniendo sexo promiscuo y persiguiendo toda clase de búsquedas hedonistas que uno pueda imaginar. Sin un Superyó desarrollado para mantener al Id bajo control, el hombre occidental será simplemente una bestia conducida por el Principio del Placer.

     El hombre occidental no sólo no notará lo que está ocurriendo alrededor suyo sino que ni siquiera se preocupará si eso le es indicado. Las únicas tendencias que el hombre occidental deseará satisfacer son aquellas auto-complacientes del placer personal: el hombre occidental no se preocupará de proteger su comunidad y cuidar de sus hermanos y hermanas. Cuando Occidente finalmente se hunda, la expresión en la cara del hombre occidental no será de horror sino de una alegría insana mientras él danza hacia su desaparición. El Ello habrá triunfado realmente y aquel triunfo señalará la caída del hombre occidental y el final de Occidente.

     Sin embargo, no todo se ha perdido todavía. El hombre occidental puede bien estar al borde de la extinción, pero mientras él todavía se aferre, hay una tenue luz de esperanza y la posibilidad de redención. Pero a la vez que los enemigos de Occidente han hecho todo lo que han podido para quebrantar al hombre occidental y dañar su psique, ellos también han colocado una falsa salvación delante de él. Los enemigos de Occidente son inteligentes e inventivos; ellos saben que su plan no carece de defectos y saben que el hombre occidental es un formidable enemigo.

     Pero mientras existe una falsa salvación y una controlada oposición a los enemigos de Occidente, exite también una verdadera esperanza y una verdadera salvación. La verdadera salvación del hombre occidental está en la reclamación de lo que lo hizo grande y en el redescubrimiento del Superyó occidental y en la resucitación de ello en su verdadera forma. Antes de que eso pueda ser hecho, primero la falsa salvación que ha sido torcidamente creada y controlada por los enemigos de Occidente debe ser expuesta y puesta a descansar.

     Para avanzar el hombre occidental debe recorrer el camino correcto, no los caminos presentados por sus enemigos que lo conducirán a callejones sin salida y a la eventual extinción.





Capítulo 21
FALSA SALVACIÓN: EL CONSERVADURISMO


     Cuando un individuo comienza a despertar y a ver que la sociedad occidental se dirige por el camino incorrecto, aquel individuo naturalmente buscará respuestas en cuanto a por qué ése es el caso. En su búsqueda de conocimiento, y finalmente en su deseo de combatir los problemas que ve alrededor de sí, a menudo se volverá hacia el conservadurismo. El conservadurismo es una filosofía política y social que promueve la retención de instituciones sociales tradicionales en el contexto de la cultura y civilización en que se vive. Obviamente, cuando la sociedad occidental continuamente avanza por un camino cada vez más degenerado, donde la destrucción de instituciones tradicionales y la dilución de la cultura occidental son activamente promovidas, el conservadurismo parece un aliado natural del asediado hombre occidental.

     Sin embargo, nada podría estar más alejado de la verdad. El conservadurismo no es una ideología de avance o de progreso sino simplemente una que está obsesionada con aferrarse y proteger el actual statu quo. El conservadurismo no busca el progreso o hacer avanzar a la sociedad en una dirección positiva sino que de hecho simplemente procura retener lo que está actualmente en su lugar. Si uno debiera pensar en el conservadurismo como una estrategia militar, podría pensar en ello como una estrategia que sólo ha estado preocupada por la ocupación de una línea y la defensa de aquella línea contra el ataque. Para llevar esta analogía militar más adelante, el conservadurismo no está preocupado por el avance, el ataque o el contraataque sino que está simplemente preocupado por la defensa de una posición fija.

     Debido a la naturaleza del conservadurismo como una estrategia casi puramente defensiva, está condenado al fracaso, tal como lo estaría cualquier fuerza militar involucrada en una guerra si toda ella se preocupara de una defensa interminable contra un asalto interminable. En algún punto en cualquier conflicto, después de que las defensas exitosas han sido aseguradas, cualquier fuerza que busca la victoria debe de hecho contraatacar y atacar una y otra vez hasta que su enemigo sea empujado hacia atrás y por último aplastado y derrotado.

     Cualquier fuerza militar que monta una defensa exitosa y luego decide simplemente sentarse y esperar otro ataque contra su posición, invitaría a su eventual derrota. Que un ejército se siente y espere a que su enemigo ataque y permita que el enemigo simplemente continúe atacando equivale a permitir a ese enemigo el lujo de reagruparse y mejorar su estrategia. Con el tiempo aquel enemigo mejorará su estrategia y encontrará debilidades en la posición de los defensores, y finalmente —no importa cuánto le tome— aprenderá a explotar aquellas debilidades para conseguir la victoria.

     Eso puede tomar semanas, meses o incluso años, pero cuando el tiempo pase, los ataques contra la posición de los defensores se harán cada vez más eficaces y golpearán con creciente fervor hasta que finalmente la posición de los defensores se debilitará y se derrumbará. Los defensores se ven afrontados entonces con la derrota, que no les da ninguna otra opción sino retroceder y reagruparse y formar una nueva línea de defensa, pero esta vez la línea de defensa es puesta más profundamente dentro de su propio territorio. Con el tiempo ese proceso conduce a una guerra de desgaste, las líneas de defensa se derrumban cada vez más y el territorio se pierde de manera creciente hasta que finalmente aquellos que defienden la línea actual no pueden siquiera recordar la posición que ellos alguna vez ocuparon, ¡mucho menos soñar con reclamarla!.

     Así es exactamente cómo funciona el conservador en un sentido político. El conservador sólo procura defender el statu quo del momento y sostener la actual línea o "punto de vista moral"; el conservador sólo está ocupado de defender cualquier cosa que su oponente decida atacar y no está preocupado por el cuadro político más grande. El conservador ve la batalla a mano y lucha por la defensa de lo que ve como justo y verdadero, pero no ve el cuadro más grande de la guerra que rodea a aquella batalla. Como una consecuencia de la estrecha visión del conservador y su naturaleza defensiva, a largo plazo el conservador está siempre condenado a fracasar.

     Los enemigos de Occidente conocen la naturaleza del conservadurismo, y eso es exactamente por qué ellos aprueban tan incondicionalmente a partidos y movimientos conservadores. En efecto, los enemigos de Occidente hacen un esfuerzo concertado para dirigir hacia movimientos conservadores a aquellos dentro de la sociedad occidental que han comenzado a despertar a la realidad de los problemas que enfrenta el hombre occidental. Los enemigos de Occidente están comprometidos con la victoria, de modo que asegurarse de que aquellos que procuran proteger a Occidente adopten una estrategia perdedora es simplemente parte de su plan a largo plazo. Porque los enemigos de Occidente —como hemos visto antes— no defienden su posición; ellos constantemente atacan y constantemente empujan los límites de la degeneración cada vez más adelante.

     Por cuanto el grupo que constantemente ataca y al que se le permite reagruparse y desarrollar nuevas estrategias tendrá constantemente la ventaja sobre el grupo que simplemente decide defender una línea, los enemigos de Occidente saben que sus ataques siempre finalmente tendrán éxito y derrotarán a los conservadores. Eventualmente la línea conservadora se derrumbará y los enemigos de Occidente habrán ganado siempre más terreno en su interminable asalto contra la civilización occidental. Así, para los enemigos de Occidente, es siempre sólo una cuestión de tiempo antes de que su último ataque contra el hombre occidental sea exitoso.

     Ya hablamos antes de cómo las normas aceptables en el cine y en la música han cambiado con el tiempo y cómo aquellas normas aceptables lentamente se han hecho cada vez más degeneradas. Lo que alguna vez fue escandaloso es visto ahora como anticuado, y lo que es ahora escandaloso habría sido totalmente inaceptable o incluso impensable sólo hace unos años. Este método de estirar los límites de lo que es aceptable, que con el tiempo hace que la norma establecida se haga cada vez más degenerada y degradada, no está simplemente limitado a lo que es mostrado por los medios de comunicación.

     Los enemigos de Occidente atacan a la sociedad occidental por medio de una variedad de canales diferentes, y uno de ellos es la política social. El conservador adoptará una posición en política social de sostener el actual statu quo moral y los enemigos de Occidente se pondrán entonces a atacar aquel statu quo con el objetivo de demoler otro conjunto de valores morales y fomentar el empuje hacia la degeneración y la decadencia moral.

     Con el tiempo, la posición del conservador enfrentará un impacto implacable que lo obligará finalmente a conceder puntos diferentes y dar la razón a sus enemigos, y la política social y las normas morales aceptables serán constantemente redibujadas por aquellos que tratan de destruír la sociedad occidental y socavar sus principales valores y estructuras sociales. Esto puede ser perfectamente ilustrado al examinar la política social hacia el homosexualismo en el Reino Unido y cómo en unos pocos años el paisaje político que rodea a aquella cuestión fue cambiado para siempre.

     Hasta 1967 era ilegal realizar actos homosexuales en el Reino Unido, incluso en privado. Sin embargo, en 1967 la Ley de Ofensas Sexuales despenalizó los actos homosexuales privados entre dos hombres de más de 21 años en Inglaterra y en el País de Gales. Ése fue un momento divisor de aguas, y algo con lo cual mucha gente de mentalidad conservadora estuvo infeliz. Sin embargo, el asalto contra la posición conservadora en cuanto al homosexualismo no se detuvo en simplemente despenalizar la actividad sexual entre dos adultos consentidores de más de 21 años, ya que eso fue sólo el principio.

     La línea conservadora de que el homosexualismo debería ser ilegal —incluso entre dos adultos que consienten— había sido infringida. Muchos dirían incluso que la caída de esa línea era en realidad razonable; después de todo, lo que dos personas hicieran en sus propias casas como adultos que acuerdan eso (mientras no dañen a nadie) es su asunto propio. Pero ése no fue el final del asunto, y aquellos que deseaban empujar la agenda homosexual sobre Occidente no se detuvieron allí.

     A lo largo de los años '70 un creciente número de grupos pro-homosexuales surgió a la existencia, y el primer festival de siempre del orgullo homosexual fue realizado en Londres, con más de mil personas asistiendo a él. La línea original sostenida por los conservadores de que el homosexualismo debería ser ilegal fue olvidada ahora, y a pesar de que los actos homosexuales fueron legalizados entre adultos que consintieran en ello en la intimidad de sus propias casas, el impulso era ahora en favor de que las demostraciones públicas de homosexualismo fueran aceptadas y normalizadas. Los conservadores que habían entregado terereno tenían ahora su nueva posición asaltada, y aquella posición parecía cada vez más insostenible.

     Esa tendencia continuó en los años '80 con una aumentada insistencia en la normalización y aceptación de aquellos que sufrían de SIDA. Finalmente los conservadores tuvieron que dibujar todavía otra línea en la arena y erigir otra posición para defender. Aquélla fue la Sección 28. La Sección 28 fue una ley decretada en 1988 como una enmienda a la Ley de 1986 de Gobierno Local del Reino Unido, la cual declaró que una autoridad local "no promoverá intencionalmente el homosexualismo ni publicará material con la intención de promover el homosexualismo", ni "promoverá la enseñanza en ninguna escuela mantenida de la admisibilidad del homosexualismo como una pretendida relación de familia".

     Los conservadores habían dejado en claro su nueva posición y habían procurado erigir una línea que nunca sería trapasada. Si bien ellos ahora estaban felices con que el homosexualismo fuera legal y felices por las siempre crecientes demostraciones públicas de homosexualismo, ellos no apoyarían que aquél fuera promovido como una alternativa normal o natural a la familia nuclear heterosexual. Esa nueva línea defensiva fue dibujada y los enemigos de Occidente tenían un nuevo objetivo, y hacia 1994 ya se veían las grietas en las defensas de los conservadores cuando la edad legal de consentimiento homosexual fue reducida de 21 a 18 años.

     En el año 2000 el asalto contra la Sección 28 se intensificó con la formulación de una legislación para conseguir la abrogación de la ley de 1988. Eso fue seguido rápidamente en 2001 por la disminución de la edad de consentimiento sexual para parejas homosexuales a 16 años, de acuerdo con la de las parejas heterosexuales. La línea conservadora estaba ahora bajo un fuerte asalto y las grietas se mostraban por todas partes. Hacia 2002 fue decretado en la ley que las parejas homosexuales podrían adoptar hijos y que la nueva "familia" homosexual sería tratada del mismo modo que la familia heterosexual.

     En 2003 dicha línea cayó completamente y la Sección 28 fue descartada; la posición conservadora se había derrumbado completamente. En 2004 Gran Bretaña vio aprobarse una legislación que legalizaba las uniones civiles del mismo sexo, y hacia 2014 era legal para las parejas homosexuales el casarse. Para esas fechas los conservadores ya ni siquiera estaban presentando lucha. Se habían requerido sólo 47 años para que el homosexualismo fuera desde ser ilegal en Gran Bretaña a llegar a estar a la par con la heterosexualidad, y a ser promovido como una norma completamente aceptable, concediéndoseles a los homosexuales incluso el derecho de casarse y adoptar hijos, formando su propia retorcida versión de la familia nuclear.

     Éste es por supuesto sólo un ejemplo de cómo los conservadores dibujan una línea en la arena y defienden un punto sólo para ver su línea siendo empujada cada vez más hacia atrás hasta que ellos finalmente ven todo aquello por lo cual alguna vez lucharon siendo roto en pedazos. Lo que es peor es que a menudo la posición conservadora es hecha retroceder tan lejos que los conservadores no pueden siquiera recordar lo que ellos al principio apoyaron. Pero el punto indiscutible que es la base de todo esto es que nunca ni siquiera una vez los conservadores trataron de recapturar las posiciones que ellos habían perdido. Nunca una vez los conservadores montaron un contraataque o empujaron hacia adelante para reclamar terreno de sus enemigos.

     La estrategia puramente defensiva empleada por los conservadores es fatalmente defectuosa: los conservadores aceptan la derrota y están demasiado listos a aceptar la nueva posición impuesta sobre ellos por sus enemigos. La nueva posición que los conservadores adoptan no es por supuesto su propia posición sino una que les ha sido en gran parte dictada por sus enemigos. Esa nueva posición entonces se convierte en el evangelio y la antigua posición es olvidada como una embarazosa reliquia del pasado. De ahí que el sermón que el conservador predica no es propio sino un corrompido conjunto de políticas en gran parte influídas y distorsionadas por la mano de sus enemigos.

     Como consecuencia de esto, el conservador realmente tiene desdén y disgusto por sus colegas conservadores que hablan de la antigua posición, para no mencionar por aquellos que hablan "tonterías" acerca de la reclamación de aquella posición. El conservador ahora baila de acuerdo a la melodía de sus enemigos, de modo que cualquiera que cuestione la nueva línea o se atreva a sugerir intentar reclamar la vieja línea es acusado de no "jugar limpio" y es de ahí en adelante excomulgado como una vergüenza o un hereje.

     Para volver a la analogía de la fuerza militar, es como si los conservadores estuvieran conduciendo sus operaciones militares conforme a las "reglas de involucramiento" establecidas por sus propios enemigos. La convención para la batalla política que pone los parámetros, el lenguaje aceptable y las pautas para el discurso político no es supervisada por los conservadores sino por sus enemigos. Sin embargo, los conservadores se precipitan para firmar con impaciencia esas convenciones acerca de la batalla política en un esfuerzo para demostrar que ellos son "gente decente" y que "juegan limpio".

     Sin embargo no hay ningún juego limpio: al firmar las reglas de involucramiento en combate que son dictadas y redactadas por los enemigos usted está efectivamente atando sus propias manos y limitando su propia capacidad de luchar. Los conservadores siempre se encuentran obstaculizados porque ellos han aceptado reglas que están diseñadas para asegurar que el conservador pierda. La razón por la que los conservadores hacen eso es porque ellos no quieren ser vistos como los "tipos malos"; ellos quieren ser vistos "jugando limpio".

     Los conservadores se adhieren a esas reglas del "juego limpio" no para impresionar a sus propios partidarios sino en un vano intento de complacer a los enemigos de Occidente y a aquellos que apoyan retorcidas agendas anti-occidentales. Procurar complacer a aquellos que desean destruírlo y derrotarlo a usted en batalla es un defecto fatal, y uno que sella el destino del conflicto antes de que siquiera haya comenzado. Esencialmente el modo en que el conservador se adhiere a las reglas planteadas por sus enemigos podría ser comparado con un boxeador que entra en el ring con una mano atada detrás de su espalda.

     Todo esto sirve para destacar otro defecto fatal que está en el corazón del conservadurismo: la cobardía. El conservador es un cobarde pusilánime que está desesperado por ser juzgado como una buena persona no sólo por sus propios partidarios sino por aquellos que de hecho son sus enemigos. El conservador se preocupa de lo que otros piensan de él sin tener en cuenta si ellos son amigos o enemigos, y ese defecto fatal conduce al conservador a adoptar el discurso, los estándares y el propio código moral de aquellos a los que él combate, en un vano esfuerzo para agradar a aquellos que procuran destruír todo que él estima y todo lo que él lucha para proteger.

     Si un miembro de un grupo conservador se atreve a desafiar al enemigo y a argumentar que una línea defensiva que ha caído hace mucho tiempo era de hecho una posición noble y buena que debería haberse sostenido, aquel individuo será puesto en el cepo. El problema está en el hecho de que no son sólo los enemigos de los conservadores los que atacarán al conservador que se atreva a hablar claro sino que sus propios colegas conservadores también rechazarán al conservador rebelde por atreverse a sugerir que una posición antes sostenida pudiera o debe ser reclamada y que se trata de una posición por la que vale la pena luchar. Después de todo, el conservador debe ser visto como jugando limpio y no le gustaría ser visto ofendiendo a nadie, ¡ni siquiera a sus enemigos!.

     Los enemigos de Occidente, sin embargo, no juegan de acuerdo a las mismas reglas, y cuando uno de ellos ataca una posición conservadora en una forma que sería considerada ofensiva, luego se presentan excusas, el incidente es barrido bajo la alfombra y la vida continúa. De hecho se da a menudo el caso de que cuando un individuo aparece con un nuevo ataque particularmente degenerado u ofensivo sobre la moralidad occidental, ellos siguen siendo etiquetados como "visionarios" o son simplemente considerados como estando "adelantados a su tiempo".

     Tome por ejemplo la posición de la Sección 28. Cualquier conservador que ahora se atreviera a cantar las alabanzas de esa ley (una ley decretada por conservadores) sería literalmente echado de cualquier organización conservadora y etiquetado como un "homosexofóbico", un "odiador" y un "intolerante". Por otra parte, aquellos que insisten en una "aumentada liberalización sexual" a menudo son expuestos por tener vínculos con círculos pedofílicos, y sin embargo nadie es despedido o degradado y nunca se encargan investigaciones.

     La cobarde pusilanimidad del conservador, y la manera en que la posición conservadora se ha derrumbado, pueden ser vistas por el hecho de que el mismo Partido Conservador que formó el gobierno en 1988 y que aprobó la Sección 28 como ley continuó siendo el gobierno que aprobó la ley para legalizar el "matrimonio" homosexual en 2014.

     Por supuesto, el conservador se reiría de todo esto y simplemente declararía que la mentalidad conservadora es "progresista". Pero exactamente ¿a la definición de "progreso" de quién ella se adhiere? Cada "progresión" que el conservador ha hecho ha sido en la dirección en la cual ha insistido el enemigo del conservador. Ni una sola vez el conservador ha hecho un progreso en alguna otra dirección, fundamentalmente porque los conservadores nunca procuran recuperar el terreno que ellos han perdido ni hablan de la política que puede ofender a sus enemigos, dado que el conservador juega de acuerdo a un conjunto de reglas diseñadas para asegurar el fracaso de éste.

     El hecho de que la palabra "progresista" sea un adjetivo que los conservadores usarían felizmente para describirse a sí mismos muestra simplemente a qué distancia los conservadores llegarían para complacer a sus enemigos. No hay nada "progresista" en entregar terreno a los propios enemigos, y ningún progreso puede hacerse nunca cuando uno está comprometido a usar el lenguaje y la terminología creados por aquellos enemigos. Los conservadores podrían ser vistos como acantilados que demarcan una playa. Ellos están fuertes y altos y parecen inconmovibles, pero tras un período de tiempo ellos son reducidos a la nada y arrastrados por la marea. Los acantilados nunca hacen un progreso, ellos nunca reconstruyen, ellos son simplemente erosionados por el mar. Finalmente los acantilados son sólo un recuerdo y todo lo que ellos alguna vez fueron desaparece.

     Si uno echara un vistazo al actual manifiesto del principal partido conservador en alguna nación occidental, aquel manifiesto no tendría ningún parecido con el manifiesto del mismo partido de hace cincuenta años. De hecho, si uno leyera aquellos dos manifiestos, ellos ilustrarían un patrón de derrota y retirada y el debilitamiento de las políticas centrales del partido.

     Para ganar una guerra uno no puede simplemente concentrarse en una sola batalla o una sola línea de defensa. Para ganar una guerra hay que mirar el panorama completo y analizar la situación más amplia a mano. Para conseguir la victoria uno no puede estar simplemente obsesionado con la defensa sino que hay que estar dispuesto a avanzar y ganar terreno y eventualmente dispuesto a hacer lo que es necesario para expulsar al enemigo hacia el mar. Los enemigos de Occidente saben esto, y ellos adoptan esta estrategia de empujar continuamente hacia adelante a fin de hacer progresar sus objetivos.

     De ahí que para derrotar a los enemigos de Occidente el hombre occidental debe adoptar un modo de pensar que en su núcleo tenga una ideología fuerte y un conjunto de valores que no cambian ni se inclinan para satisfacer las opiniones y sensibilidades de aquellos que desean destruír Occidente. Para derrotar a los enemigos de Occidente el hombre occidental debe ser tan tenaz y comprometido como sus enemigos, y no debe sólo defender su posición sino que también debe procurar ganar terreno y luchar para empujar adelante sus propios ideales y creencias.

     Si el hombre occidental debe derrotar a los enemigos de Occidente, él no hará aquello adaptando sus argumentos y formulando sus estrategias a fin de complacer a aquellos que procuran destruírlo. El hombre occidental no puede jugar de acuerdo a las reglas de sus enemigos y luego esperar derrotar a aquellos enemigos. Las reglas a las cuales los conservadores se adhieren están diseñadas de tal modo que aseguran que el conservador no pueda probablemente ganar. El conservadurismo no es una solución para los problemas de Occidente.

     El conservadurismo es la muerte progresiva de Occidente. El conservadurismo es simplemente una falsa alternativa a la locura y la degeneración impulsada por los enemigos de Occidente y una alternativa que ha sido puesta para ser derribada. Si los enemigos de Occidente procuran empujar la locura sobre el mundo occidental tan rápidamente como les sea posible, el conservadurismo es simplemente una fuerza que reduce la marcha de aquella locura. Si los enemigos de Occidente están llevando al hombre occidental hacia el borde de un acantilado para su aniquilación, los conservadores simplemente aseguran que dicho proceso se demore un poco más. El hombre occidental aún termina yendo hasta el borde del acantilado, ¡pero sólo le toma más tiempo llegar hasta allí!.

     El hombre occidental necesita una alternativa real, una verdadera fuerza que pueda pelear de vuelta, y que lo hará, contra los enemigos de Occidente, y no una que se encoja de miedo y se arrastre a fin de representar el papel del "tipo agradable".–





Otros capítulos de este libro:

Prefacio + caps. 1, 2, 5 y 12

Caps. 17 y 18

Caps. 23, 24 y 25
http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/03/mark-collet-de-skinheads-nacionalismo-y.html



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