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domingo, 23 de julio de 2017

Orígenes Nórdicos de la Ilíada y la Odisea



     Como complemento y continuación de la anterior entrada sobre Felice Vinci, investigador independiente y escritor italiano, presentamos ahora en castellano un interesante artículo suyo publicado en Abril de este año en el vol. 3 Nº 2 de la Athens Journal of Mediterranean Studies, que es una revisión actualizada de su teoría que postula un origen y escenario nórdicos para los hechos relatados en las epopeyas de Homero, que el autor presentó primero en su libro "Homero en el Báltico", llamado después "Los Orígenes Bálticos de las Historias Épicas de Homero", entregando diversos indicios que respaldarían su tesis.


Los ORÍGENES NÓRDICOS
de la ILÍADA y la ODISEA
Una Revisión Actualizada de la Teoría
por Felice Vinci
Abril de 2017




     RESUMEN: Una revisión actualizada de la teoría propuesta en "The Baltic Origins of Homer’s Epic Tales" es presentada aquí. El verdadero escenario de la Ilíada y la Odisea puede ser identificado no como el Mar Mediterráneo, donde resulta estar debilitado por muchas incongruencias, sino más bien en el Norte de Europa. Las sagas orales que originaron los dos poemas provinieron de las regiones bálticas, donde la Edad del Bronce floreció en el 2º milenio a.C. y donde muchos sitios homéricos, como Troya e Ítaca, todavía pueden ser identificados hoy.

     Los rubios navegantes que fundaron la civilización micénica en el Egeo en el siglo XVI a.C. llevaron esos cuentos desde Escandinavia a Grecia después del final del "óptimo climático". Esos pueblos entonces reconstruyeron su mundo original —donde la Guerra de Troya y muchos otros acontecimientos mitológicos habían ocurrido— mucho más al Sur en aguas del Mediterráneo, transfiriendo nombres significativos desde el Norte al Sur. Durante muchas generaciones ellos conservaron la memoria de la edad heroica y las hazañas realizadas por sus antepasados en su perdida patria hiperbórea, hasta que la tradición oral fue puesta por escrito alrededor del siglo VIII a.C., cuando la escritura alfabética fue introducida en Grecia. Esta nueva perspectiva puede abrir nuevos desarrollos en cuanto a la prehistoria europea y el alba de la civilización griega.



LAS CARACTERÍSTICAS NÓRDICAS DEL MUNDO DE HOMERO

Características Nórdicas del Clima, la Ropa, la Comida y los Barcos

     El mundo de Homero presenta características nórdicas. El clima es normalmente frío e inestable, muy diferente de lo que esperamos en el tradicional escenario del Mediterráneo. La Ilíada se detiene en la descripción de violentas tormentas  (es decir, en Ilíada IV:275-278, XI:305-308, XIII:795-799), lluvias torrenciales y desastrosas inundaciones (Ilíada V:87-91, XI:492-495, XIII:37-141, XVI:384-388), y a menudo menciona la nieve (Ilíada XII, 156-158), incluso en tierras bajas (Ilíada XII:278-286, X:6-8, XV:170-171; XIX:357-358, III:222). La niebla es encontrada en todas partes, p. ej., en el "mar nebuloso" (Odisea V:281), y también en Troya (Ilíada XVII:368), Esqueria (Odisea VII:41-42), Ítaca (Odisea XIII:189), la tierra de los Cíclopes (Odisea IX:144), etcétera. En cuanto al Sol, la Ilíada casi nunca se refiere a su calor o sus rayos; la Odisea nunca menciona el calor del Sol en Ítaca, aunque se refiere a la temporada de navegación. En cuanto a las estaciones, existe un paralelo entre Homero, que menciona sólo tres: invierno, primavera y verano, y los germanos de Tácito, para quienes "invierno, primavera y verano tienen significado y nombres, pero ellos no conocen el nombre y los productos del otoño" (Germania, 26:4).
     La ropa descrita en los dos poemas homéricos es consistente con un clima nórdico y con los hallazgos de la Edad del Bronce nórdica. En el episodio de la Odisea en el cual Telémaco y Pisístrato son invitados en la casa de Menelao en Esparta, los dos jóvenes hombres se preparan para almorzar después de un baño: "Ellos llevaban puestas gruesas capas y túnicas" (Odisea IV:50-51). Lo mismo es dicho de Odiseo cuando él es un invitado en la casa de Alcínoo (Odisea VIII:455-457). Del mismo modo, la capa de Nestor es "doble y grande; una piel gruesa adornada con una felpa lanuda" (Ilíada X:134) y, cuando Aquiles se va para Troya, su madre consideradamente le prepara un cofre "lleno de túnicas, capas gruesas y mantas para protegerse del viento" (Ilíada XVI:223-224). Aquellas "gruesas capas y túnicas" pueden ser comparadas a la ropa de un hombre encontrado en una tumba de la Edad del Bronce danesa: "La túnica de lana llega a las rodillas y un cinturón la ata en la cintura. Él también lleva puesta una capa, que una hebilla de bronce fija en su hombro" (Bibby 1966, p. 245). También Odiseo lleva "una hebilla dorada" (Odisea XIX:226) en su capa, y "una túnica brillante alrededor de su cuerpo como la piel en una cebolla" (Odisea XIX:232-233); todo esto calza con lo que Tácito dice de la ropa germánica: "El traje para cada uno es una capa con una hebilla (...) Los más ricos se distinguen por un traje (...) que es ceñido y apretado alrededor de cada miembro" (Germania 17:1).

     En cuanto a la comida, es notable que frutas, verduras, aceite de oliva, aceitunas e higos nunca aparezcan en la mesa de los héroes de Homero. Su dieta estaba basada en la carne (carne de vaca, de cerdo, cabra y animales de caza), muy parecido a los vikingos, que "comían carne en grandes cantidades, tanta, que ellos parecían considerar el placer de comer carne como una de las alegrías de la vida" (Pörtner 1996, p. 207). Los personajes de Homero tenían una cordial comida por la mañana: "En la choza Odiseo y su fiel porquero encendieron el fuego y prepararon una comida a la salida del Sol" (Odisea XVI:1-2), tal como los germanos de Tácito: "Tan pronto como ellos se despiertan (...) ellos comen; cada uno tiene su propia silla y mesa" (Germania 22:1). Esa mesa individual (trapeza) es típica del mundo homérico también (Odisea I:138).

     También habría que señalar que, mientras la vajilla de cerámica era frecuente en Grecia, el mundo nórdico estaba marcado por "una industria del bronce estable y altamente avanzada" (Fischer-Fabian 1985, p. 90), lo que calza con los poemas de Homero, que mencionan sólo vasijas hechas de metal: "Una criada vino para verter agua desde un hermoso jarro de oro en una palangana de plata" (Odisea I:136-137); el vino era vertido "en copas de oro" (III:472) y "vasos de oro" (I:142). Cuando un recipiente cayó al suelo en el palacio de Odiseo, en vez de romperse, "retumbó" (bombēse, Odisea XVIII:397). También las lámparas (XIX:34), las alcuzas (VI:79) y las urnas (Ilíada XXIII:253) estaban hechas de oro. En cuanto a los pobres, Eumeo el pastor vierte el vino para sus invitados "en una taza de madera" (kissybion, Odisea XVI:52), como la taza que Odiseo da a Polifemo (Odisea IX:346). La madera, por supuesto, es el material más barato en el Norte (Estonia y Letonia tienen una antigua tradición de jarras de madera para la cerveza).


Costumbres Nórdicas y Arcaísmo del Mundo de Homero

     Hay muchos notables paralelos entre los aqueos homéricos y el mundo nórdico, en los ámbitos de sus relaciones sociales, intereses, estilos de vida, etcétera, a pesar de la distancia en el tiempo. Por ejemplo, el hábito de Homero de dar a las cosas y a los esclavos un valor en "bueyes" —un nuevo jarrón, decorado con flores, valía "el precio de un buey" (Ilíada XXIII:885); un trípode grande valía doce bueyes (Ilíada XXIII:703); la nodriza Euriclea de Odiseo había costado veinte bueyes (Odisea I:431), etcétera— es comparable al hecho de que, durante la primera Edad Vikinga, las vacas todavía eran usadas "como la unidad monetaria corriente" (Pörtner 1996, p. 199). Una declaración de Tácito tiende un puente sobre estas dos distantes épocas: "Ganado y bueyes (...) son la única y muy valorada riqueza de los germanos" (Germania, 5, 1). Además, la prominencia de los bueyes en la economía del mundo homérico es otro argumento a favor de un escenario nórdico, mientras que en el mundo griego otras clases de ganado son más importantes (también habría que considerar cuán importantes eran la carne de vaca y la carne de cerdo en la dieta de los aqueos).

     Sin embargo, acerca de Tácito, Karol Modzelewski, citando una costumbre reportada en Germania, 11, escribe: "La mención de decisiones de asamblea tomadas por un peculiar método de aclamación, que consiste en blandir lanzas, es confirmada por las codificaciones, que se remontan al siglo XII, de las tradiciones jurídicas noruegas, donde ese rito es llamado vapnaták" (Modzelewski 2008, p. 33). Es notable que la costumbre de ir armado con lanza a la asamblea sea encontrada en Homero: Telémaco "fue a la asamblea, él sostenía la lanza de bronce" (Odisea II:10). Así, una costumbre que se remonta al mundo homérico estaba todavía presente en la Noruega vikinga del siglo XII.

     También habría que destacar que el barco de Odiseo tenía un mástil separable, un rasgo típico de todos los barcos homéricos: tanto la Ilíada (I:434, 480) como la Odisea (II:424, VIII:52) confirman que el poner y sacar el mástil era algo acostumbrado al principio y al final de cada misión. Esa característica era también típica de los barcos vikingos, que bajaban el mástil siempre que hubiera riesgo de ráfagas repentinas o formaciones de hielo, lo que podría hacer que el barco zozobrara. Otro rasgo estructural típico de los barcos vikingos, la quilla plana, se encuentra también en los homéricos, como uno puede deducir del pasaje que relata la llegada de Odiseo a Ítaca, donde el barco feacio "varó en la playa saliendo del agua hasta la mitad" (Odisea XIII:114).

     Otra costumbre peculiar de los héroes homéricos es que ellos salían de sus carros y los dejaban a un lado durante los duelos: p. ej., el héroe troyano Asio solía luchar "a pie delante de sus resollantes caballos, que el auriga mantenía todo el tiempo detrás de él" (Ilíada XIII:385-386). Los eruditos están de acuerdo en que ese modo de usar los carros parece ser absurdo e insensato: "Nadie ha luchado nunca como los héroes de Homero. Ellos son conducidos a la batalla en carros, y luego ellos saltan de ellos para luchar contra el enemigo. Todo lo que sabemos sobre los carros de batalla en el Mediterráneo del Este protesta contra esa visión de las cosas" (Vidal-Naquet 2013, p. 573). Sin embargo, lo que parece raro en el Mediterráneo encaja en el mundo nórdico: según Diodoro de Sicilia, los celtas "empleaban carros de dos caballos, cada uno con su cochero y guerrero, y, cuando ellos se enfrentaban unos con otros en la guerra, ellos solían lanzar la jabalina, luego bajaban del carro y luchaban con la espada" (Biblioteca Histórica 5:29).

     Diodoro además escribe que "se dice que Bretaña está habitada por tribus nativas que se conforman a su antiguo estilo de vida. En la guerra ellos usan carros, como los antiguos héroes griegos en la guerra troyana" (Biblioteca Histórica 5:21). Julio César añade otros detalles sobre los británicos: "Cuando ellos han trabajado en medio de las tropas a caballo, saltan de sus carros y se involucran en la lucha a pie. Los aurigas entretanto se retiran a alguna pequeña distancia de la batalla, y así se colocan con los carros de manera que, si sus amos son dominados por el número del enemigo, ellos pueden tener una pronta retirada hacia sus propias tropas. Así ellos muestran en la batalla la velocidad del caballo, junto con la firmeza de la infantería" (De Bello Gallico IV: 33).

     De este modo, los combates en carros relatados por la Ilíada no son absurdos debido a la supuesta ignorancia del poeta; en vez de eso, Homero debe ser considerado como el único testigo extraordinario de la Edad del Bronce nórdica, cuyas arcaicas costumbres sobrevivieron en Gran Bretaña hasta la época de César.

     Esto confirma lo que Stuart Piggott escribe: "La nobleza de los hexámetros [homéricos] no deberían engañarnos para que pensemos que la Ilíada y la Odisea son otra cosa que poemas de una en gran parte bárbara Europa de la Edad del Bronce o Edad del Hierro temprana. No hay sangre minoica o asiática en las venas de las Musas griegas (...) Ellas moran remotamente del mundo cretense-micénico y en contacto con los elementos europeos de idioma y cultura griegos (...) Detrás de la Grecia micénica (...) está Europa" (Piggott 1968, p. 126). Además, según Geoffrey Kirk, los poemas homéricos "fueron creados (...) por un poeta, o poetas, que eran completamente inconscientes de las técnicas de escritura" (Kirk 1989, p. 78) y "un argumento lingüístico reciente sugiere que la tmesis homérica, es decir, el hábito de separar elementos adverbiales y prepositivos que fueron combinados más tarde en verbos compuestos, pertenece a una etapa de lenguaje anterior al representado en las tablillas Lineal B. De ser así, aquello retrotraería ciertos elementos de la lengua de Homero más de quinientos años antes de su tiempo" (Kirk 1989, pp. 88-89).

     Es por eso que "existe una diferencia absoluta tanto en extensión como en calidad entre la sociedad micénica y la de la Ilíada" (Codino 1974, IX): la civilización de Homero parece más arcaica que la micénica. Está también el extraño caso de Dionisio, quien es un importante dios tanto en el período micénico como en la Grecia clásica, pero que es casi desconocido en Homero: el mundo de Homero, por lo tanto, probablemente precedió a la civilización micénica, en vez de seguir después de ella.


Mitos y Dioses Griegos en el Norte

     Károly Kerényi subrraya las similitudes entre el mito del nacimiento de Helena de un huevo de ave del pantano y algunas leyendas "de los pueblos ugro-fineses de Rusia" (Kerényi 1979, p. 36). Él se refiere al poema épico estonio el Kalevipoeg, donde uno puede encontrar el cuento acerca del nacimiento de la "hermosa Linda" de un huevo encontrado por casualidad. Otro caso de convergencia es la mítica boda de Zeus y Leda, los padres de Helena, bajo la forma de un cisne y un ganso salvaje respectivamente (Kerényi 1979, p. 35). El rapto de Helena tiene un paralelo en la mitología nórdica, donde Snion, el hijo del rey de Dinamarca, secuestró a la hermosa reina de Suecia, lo cual suscitó una guerra (Gesta Danorum VIII, XI:2). Además, las nórdicas Valkirias, que llevan al Valhala las almas de los guerreros muertos, pueden ser comparadas a la homérica "terrible Kēr", la cual, en el campo de batalla, "sujetaba a un hombre recientemente herido, luego a otro todavía ileso, o arrastraba un cadáver de sus pies en medio de la lucha. Ella llevaba puesta una capa alrededor de sus hombros, que estaba roja con la sangre humana" (Ilíada XVIII:535-538).

     Todavía en el Báltico del Este, «Cerca de Ragnit, Lituania, las segadoras dejan el último penacho de trigo en pie y dicen: "El viejo Boba se sienta allí". Entonces un segador joven afila su hoz y corta el penacho con un golpe. La gente dice que él cortó la cabeza de Boba» (Frazer 1973, p. 77). Boba es Baubo, la madre de Tritolemo, la diosa órfica relacionada con Demeter, la diosa griega de las cosechas.

     Además, Saxo Grammaticus a menudo menciona a Curetia —ahora Kurland, un distrito de Letonia— cuyo nombre se deriva de un antiguo pueblo conocido como los Curios. Saxo llama a sus habitantes "curetes" (Gesta Danorum I, VI: 7), comparable a los curetes (cf. Ilze Rūmniece 2013) de Homero (Ilíada IX:529-589), a quienes la mitología griega vincula con el nacimiento de Zeus. En cuanto al propio Zeus, justo en aquella región está "la figura de un dios supremo llamado Dievas en Lituania y Dievs en Letonia. En el folklore local él curiosamente muestra rasgos típicos del Zeus helénico" (Prampolini 1954, p. 460).

     Saxo vincula a los curetes con Hadingus, un legendario rey danés cuyas aventuras recuerdan increíblemente a las de Odiseo: él recurre a una estratagema para conquistar una ciudad, es seducido por una hechicera experta en cambiar de forma, es reconocido por una mujer debido a una cicatriz en la pantorrilla, es aficionado al mar y a los barcos, mata a un monstruo marino y, por lo tanto, es perseguido por los dioses, y visita el Infierno (Gesta Danorum I, VIII:2-27); además, Odín le da consejo y lo ayuda, como Atenea hace con Odiseo.

     Por otra parte, un nórdico Odiseo —el cual, según Homero, era "rubio" (Odisea XIII:399, 431)— es mencionado tanto por Plutarco, que dice que Ogigia está en el Atlántico del Norte (De Facie quae en Orbe Lunae Apparet 941a), como por Tácito, quien afirma que él navegó por los mares del Norte (Germania, 3.2). Probablemente esos cuentos alcanzaron Roma en el siglo I a.C., la época de Plutarco y Tácito, debido a las expediciones de los romanos a Gran Bretaña: ellos podrían derivarse de la tradición oral de los celtas. Realmente, Plutarco podría referirse a ellos cuando, al examinar la localización de Ogigia, afirma: "Los bárbaros los transmitieron" (De Facie 941a).

     Los temas favoritos de los bardos celtas incluían aventuras (echtra) más allá de los límites humanos, y andanzas (immram) hacia las islas paradisíacas en medio del océano, donde mujeres divinas refrescaban y hacían el amor con los héroes que llegaban allí, ofreciéndoles inmortalidad y juventud eterna. Así es cómo la reina de una de esas islas fabulosas se dirige a un héroe después de que él desembarca: "Si permaneces aquí, la vejez no te alcanzará. Serás joven como lo eres ahora, y vivirás para siempre" (Markale 1982, p. 318). Todo esto es idéntico a la isla periférica de la diosa Calipso, la cual promete hacer a Odiseo "inmortal y siempre joven para siempre" (Odisea V:136, VII:257). Además, el Immram curaig Máele Dúin (El Viaje del Barco de Máel Dúin) comienza con un viaje en busca del padre del protagonista, tal como el viaje de Telémaco, seguido de una serie de aventuras como las de Odiseo. De este modo, no es ninguna coincidencia que "en 1892 (...) Arbois de Jubainville describió la Odisea como un immram y más tarde, en 1899, él confrontó la sociedad celta con la homérica" (Bendelli 2013, p. 550).

     La tradición oral de los druidas también podría estar en el origen de la obra irlandesa en idioma gaélico Merugud Uilix maicc Leirtis (Andanzas de Odiseo Hijo de Laertes), que se remonta al siglo XIII, donde uno puede encontrar una mezcla de temas que provienen tanto de la Odisea como del folklore irlandés. Permanece discutible si tales semejanzas con la Odisea tienen su origen en la epopeya clásica, o en una tradición independiente a la cual Plutarco y Tácito hicieron referencia cuando ellos mencionaron al nórdico Odiseo. A este respecto, habría que considerar que hay detalles del Merugud Uilix maicc Leirtis que divergen de la Odisea: por ejemplo, uno puede encontrar un singular malentendido cuando Odiseo se pone celoso de un hombre joven que abraza a Penélope, pero él es Telémaco (Meier 1886, p. 26). Considerando que el mismo malentendido se encuenta en un cuento kurdo tradicional (Zanà 1992, p. 166), uno puede deducir que eso podría remontarse a una vieja tradición independiente, previa a la diáspora indoeuropea.


Problemas de la Geografía de Homero en el Mediterráneo

     La geografía homérica da ocasión a innumerables problemas: el archipiélago de Ítaca no calza con la isla jónica en absoluto; "Incluso el detalle topográfico de la isla hogar de Odiseo de Ítaca se puede mostrar que está en un revoltijo, con varios puntos apropiados para la isla vecina de Leucas, pero completamente imposibles para Ítaca" (Finley 1979, p. 33); el viaje de Telémaco desde Ítaca a Pilos es demasiado corto (Odisea II:434); su rápido viaje en carro desde Pilos a Lacedemonia, a lo largo de "una llanura que produce trigo" (Odisea III:495) es demasiado fácil; el río Alfeo "fluye amplio sobre el país de Pilos" (Ilíada V:545); el curso de Agamenón desde Troya a Micenas rodeando el cabo Malea (Odisea IV:514) es incomprensible; los días muy largos en la tierra de los lestrigones son insólitos; el Helesponto siempre es considerado "amplio" (p. ej., Ilíada VII:86) o incluso ilimitado (XXIV:545); los aliados de los troyanos, como los licios y los cilicios, a quienes Héctor considera sus vecinos (Ilíada XVII:220), vivían en cambio lejos (Nilsson 1932, p. 57); Calidón es considerada como una "ciudad agradable" (Ilíada IX:531), que "no está en armonía con su posición de montaña" (Graf 1997, p. 50), para no mencionar las antiguas cuestiones de la localización de Pilos (Graf 1997, p. 50) y la de Faros, así como la absurda frontera entre Argolis y Pilos a lo largo del mar (Ilíada IX:291-295).

     Además, en cuanto a las andanzas de Odiseo, Estrabón afirma: "Es evidente que todas estas cosas son claramente imaginadas en el océano Atlántico" (Geografía 1.2.18), lo cual calza con lo que Plutarco dice sobre Ogigia y la inversión de la corriente del río de Esqueria (Odisea V:451-453). ¿Y qué hay de las regiones del montañoso Peloponeso, que parecen una llanura en ambos poemas?.

     En este punto, la localización nórdica original de las sagas orales que dieron origen a los dos poemas puede explicar todos los problemas —geográfico, climático etcétera— así como la enorme anomalía de la gran batalla que ocupa los libros centrales de la Ilíada, una batalla que se prolonga durante dos días y una noche. Es incomprensible que la oscuridad de la noche en el mundo del Mediterráneo no impusiera una detención temporal a los enfrentamientos, pero el hecho de que el conflicto continúe con toda su intensidad durante esas horas tiene mucho sentido en un ambiente nórdico: lo que permite que las tropas frescas de Patroclo continúen luchando durante la noche sin pausa es la débil y residual luz nocturna que es típica en las latitudes altas alrededor del solsticio de verano. La Ilíada incluso registra el nombre de ese fenómeno: "No apuntaba aún la Aurora, mas ya alboreaba [amphilykē] en la noche" (Ilíada VII:433). El término homérico amphilykē, que se refiere a un fenómeno desconocido en el área del Mediterráneo, es muy poco común en la literatura griega, donde sólo se encuentra en las Argonáuticas de Apolonio de Rodas, directamente en el pasaje que menciona al hiperbóreo Apolo (Arg. II:671). Además, esta interpretación permite que nosotros reconstruyamos las etapas de la batalla entera en una manera coherente (mientras que ellas se convierten en un revoltijo si la batalla es comprimida en un solo día).

     Es también significativo que dos días después de que la clara noche de Junio, que había permitido que los guerreros lucharan hasta el día siguiente, se dé el desbordamiento de los dos ríos de Troya: "La llanura entera había sido inundada" (Ilíada XXI:300). Realmente, los desbordamientos de los ríos del Norte por lo general ocurren en Junio, debido al deshielo de primavera; ellos coinciden, por lo tanto, con las noches claras, lo que confirma la confiabilidad de la Ilíada.

     Todo esto es evidencia de un ambiente nórdico, que cuadra con un pasaje de la Ilíada: "Cuando los gritos de las grullas que huyen del invierno y de la lluvia incesante llegan al cielo..." (Ilíada III:3-4). Esta pintura naturalista esconde otra pieza de evidencia de la localización nórdica de Troya: "Ese comportamiento es típico de un vuelo de grullas que dejan Europa del Norte en otoño, mientras que esas aves emigran desde el Sur en primavera" (Tripodi 2013, p. 263). Al contrario, un poeta del Mediterráneo habría hablado de "grullas que huyen del verano", en vez de "del invierno". En resumen, Homero ahí describe una escena nórdica.



LA RECONSTRUCCIÓN DEL MUNDO HOMÉRICO

Ogigia, Esqueria e Ítaca

     La clave que permite la reconstrucción del mundo original de Homero es proporcionada por un pasaje de Plutarco, que declara que la isla Ogigia de la ninfa Calipso está en el Atlántico del Norte, "a cinco días de navegación desde Gran Bretaña, hacia la puesta del Sol" (De Facie quae en Orbe Lunae Apparet 941a). Ogigia puede ser identificada con una de las islas Faroe, Nolsoy, donde, según la Odisea, hay cuevas, prados, grandes colonias de aves marinas, pequeños canales, una montaña llamada Høgoyggj, y playas bajas que permiten un aterrizaje fácil. Además, la posición de Nolsoy a lo largo del lado Este del archipiélago Faroe, antes de la costa noruega, es compatible con la llegada de un barco que viene desde Caribdis (el área del Maelstrom en las islas Lofoten), y la navegación hacia Esqueria (en el Sur de Noruega). De este modo, hay buenas razones para suponer que la Ogigia de Homero y Plutarco podría ser una de las Faroe.

     Navegando desde Ogigia hacia una dirección Este (Odisea V:276-277), uno puede localizar Esqueria, la tierra de los feacios, en la costa del Sur de Noruega cerca de la boca del río Figgjo, donde hay muchos restos de la Edad del Bronce: es decir, tumbas y talla de roca que a menudo describen barcos. Homero llama a los feacios "renombrados navegantes" (Odisea VIII:191), aunque ellos sean desconocidos en el mundo del Mediterráneo. Es notable que en la antigua lengua nórdica skerja signifique "roca", lo que corresponde a las características de aquel mar: "sólo acantilados escarpados, rocas y filones" (Odisea V:405); además, Odiseo en su aterrizaje en la boca del río aprovechó la inversión de la corriente, debido a la marea alta.

     Desde Esqueria los feacios llevaron a Odiseo a Ítaca, de la cual Homero habla con gran detalle: ella es la isla más occidental de un archipiélago donde hay tres islas principales: Duliquio (es decir, "la Larga", en griego, nunca encontrada en el Mediterráneo), Same y Zacinto (Odisea IX:24).

     Un grupo de islas danesas en el Mar Báltico, es decir, el archipiélago Fyn del Sur, es el único en el mundo que calza con las descripciones de Homero. Incluye tres islas principales: Langeland, la "Isla Larga", que es Duliquio; Aerø, que corresponde a la homérica Same, y Tåsinge, la antigua Zacinto. Entre este archipiélago uno también puede identificar Asteris, la pequeña isla "en el estrecho entre Itaca y Same" (Odisea IV:845), donde los pretendientes de Penélope trataron de emboscar al barco de Telémaco, que volvía de Pilos: es la Avernakø de hoy.

     Esta identificación es reforzada por una comparación entre la cantidad de los pretendientes de Penélope —cincuenta y dos llegados de Duliquio, veinticuatro de Same, y veinte de Zacinto (Odisea XVI: 247-250)— y las superficies de las islas respectivas: Langeland (Duliquio), 185 kms²; Aerø (Same), 88 kms², y Tåsinge (Zacinto), 70 kms². La proporción casi perfecta entre las tripletas (52-24-20, y 185-88-70) es asombrosa.

     La última isla en el archipiélago, localizada en dirección Oeste, "enfrentando la noche" (Odisea IX:26), es la Ítaca de Odiseo, ahora conocida como Lyø: ella coincide estrechamente con las indicaciones del poeta, no sólo en su posición sino también en sus rasgos topográficos y morfológicos (p. ej., uno puede encontrar el antiguo "Puerto de Forcis", la "Roca del Cuervo", un dolmen neolítico, etcétera).

LYØ, LA ÍTACA DE HOMERO


     Frente a Duliquio está Elis (Ilíada II: 626), una de las regiones del Peloponeso. Elis es identificable con el lado Sudoeste, enfrentando a Langeland, de la gran isla danesa de Sjaelland: aquí está la original "Isla de Pelops", en el verdadero sentido de la palabra "isla" (nēsos). Por otra parte, el Peloponeso griego (que está en una posición similar en el Mar Egeo, es decir, en su lado Sudoeste) no es una isla, a pesar de su nombre. Es notable que el rápido viaje de Telémaco en carro desde Pilos a Lacedemonia, a lo largo "de una llanura que produce trigo" (Odisea III:495), así como la guerra entre pilios y epeos relatada en el canto XI de la Ilíada, episodios que siempre han sido considerados inconsistentes con la desigual geografía de Grecia, calcen perfectamente con la isla llana de Sjaelland, donde los Atridas y el rey Néstor reinaron. Todas las incongruencias geográficas que surgen en el mundo griego, como la absurda frontera entre Argólide y Pilos a lo largo del mar (Ilíada IX:291-295), desaparecen aquí (Vinci 2006, p. 242).


Troya

     Nuestra búsqueda ahora vuelve al área de Troya, donde, como sostiene Moses Finley, "Ni la más mínima pieza de evidencia vincula la destrucción de Troya VIIa con la Grecia micénica, o con una invasión de cualquier otra fuente. Ni tampoco nada conocido de la arqueología de Grecia y Asia Menor o de las tablillas Lineal B calzan con el cuento homérico de una gran coalición que navegó contra Troya desde Grecia (...) ni de una Guerra de Troya" (Finley 1979, p. 43). Además, Dieter Hertel (quien trabajó en el sitio de Hisarlik), afirma que tanto Wilusa como la ciudad encontrada por Schliemann no tienen nada que ver con la Troya homérica: "Troy/Filium no era Wilusa". En cuanto a la supuesta relación entre el rey Alaksandus de Wilusas y Paris Alexandrus, el hijo de Príamo, "el padre del rey Alaksandus no era llamado Príamo sino Kukunni" (Hertel 2003, p. 55) (además, Paris nunca fue rey de Troya). También debería ser considerado que "gracias a una serie de muestras principales tomadas en 1977 ahora sabemos que en tiempos prehistóricos la llanura estaba cubierta por un extenso brazo de mar, que alcanzaba hasta Hisarlik en el período de Troya VI (...) y las conclusiones de Schliemann, Virchow y Burnouf, basadas como estaban en muestras inadecuadas, estuvieron equivocadas" (Traill 1995, p. 190). Además, Homero menciona el punto "donde el río Simoïs y el Escamandro mezclan sus aguas" (Ilíada V:774), lo cual es imposible en el área de Hisarlik, donde los dos ríos no se mezclan en absoluto.

     La Troya homérica estaba cerca del "amplio Helesponto" (p. ej. Ilíada VII:86, XVII:432), muy diferente de los Dardanelos. Saxo Gramático a menudo menciona a un pueblo llamado los "helespónticos", enemigos jurados de los daneses, y un "Helesponto" (Gesta Danorum IX, IV:20) en el área Este del Báltico; considerando que la contraparte nórdica del estrecho Helesponto del Mediterráneo es el amplio Golfo de Finlandia, es significativo que en un área que está frente al Golfo de Finlandia, al Oeste de Helsinki, haya muchos topónimos que sorprendentemente recuerdan a los de la Ilíada, y en particular los aliados de los troyanos: Askainen, Reso, Karjaa, Nästi, Lyökki, Tenala, Kiila, Kiikoinen, y muchos otros. Además los topónimos Tanttala y Sipilä (el mítico rey Tántalo, cuyo reino está cerca del área de Troya, fue sepultado en una montaña llamada Sipylus) indican que este tema no sólo es relevante en cuanto a la geografía de Homero sino que afecta al mundo entero de la mitología "griega".

     ¿Y Troya? Justo en el centro de esta región, 100 kms. al Oeste de Helsinki, hay un pueblo, Toija, cuyas características corresponden exactamente a las que Homero nos transmitió: una tierra montañosa que domina el valle con los dos ríos, una llanura que se extiende hasta la costa, y un área montañosa (es decir, el Ida, que nunca parece ser una montaña en la Ilíada) atrás suyo. Esa área revela rastros significativos de la Edad del Bronce: cerca de Toija hay hay muchos túmulos de la Edad del Bronce, como los que están descritos en la Ilíada (VII:86). Además, las viejas minas de cobre de Orijärvi, 8 kms. al Este de Toija, clarifican el probable origen de la riqueza de Príamo, mencionada frecuentemente en la Ilíada.

     En cuanto a la muralla de Troya, el poeta piensa que la muralla troyana es inferior a la muralla aquea (Ilíada VII:452), la que en sí misma parece más bien una cerca robusta, dado que su estructura de piedra y madera (XII:29, 36) es echada abajo por el primer ataque de los troyanos. De este modo, era arcaica como la de los feacios, "ensambladas con estacas" (Odisea VII:45), lo que puede parecer bastante primitivo, pero Homero dice: "¡Es maravillosa de mirar!" (Odisea VII:45). Realmente, "las tempranas fortificaciones en la Europa bárbara parecen por lo general haber sido simples empalizadas, o bancos de terraplén y zanjas, establecidos alrededor de un pueblo" (Piggott 1968, p. 202).

     En los días antiguos Toija estaba mucho más cercana al mar, pero después del final de la época glacial, la tierra de Finlandia comenzó a elevarse. Durante los miles de años que han pasado desde el tiempo de Homero, la distancia entre Toija y la línea de la costa ha aumentado gradualmente (la velocidad de levantamiento es aproximadamente de 4 mm/año ahora). Sin embargo, la localización de la antigua "playa" donde los aqueos aterrizaron y acamparon, llamada aigialos por Homero (Ilíada XIV:34), todavía está marcada por un lugar llamado Aijala, aproximadamente 7 kms. hacia el Sudoeste de Toija, hacia el mar.

     En cuanto a Eneas, quien, según Virgilio, llegó a Italia después de la guerra de Troya, según Homero él estaba destinado a ser el sucesor de Príamo: "El poder de Eneas reinará sobre los troyanos y sobre los hijos de sus hijos y los que vendrán después" (Ilíada XX:307-308). Esta idea también se encuentra en el homérico Himno a Afrodita 196-198), cuya fórmula de herencia es muy cercana a la de los poemas (Montanari 1992, p. 49).


El Mundo Homérico Entero

     Después de encontrar Ítaca y Troya, el "Catálogo de las Naves" en el segundo canto de la Ilíada nos permite reconstruír el mundo entero de Homero —es decir, el desconocido mundo de la Edad del Bronce nórdica— siguiendo paso a paso las costas del Mar Báltico en sentido contrario al de las agujas del reloj.

    Por ejemplo, la bahía sueca de Norrtälje, de donde salen los barcos para Helsinki ahora, coincide con Aulis, desde la cual los aqueos partieron hacia Troya; en el archipiélago Åland, la isla Lemland recuerda a la antigua Lemnos, donde los aqueos se detuvieron durante el viaje; cerca de Estocolmo uno se encuentra con la Tebas de Edipo; la isla Öland es la antigua Eubea; la Atenas primordial de Teseo, de la cual Platón da una descripción singular en el diálogo Critias (la ciudad está en una llanura ondulada con muchos ríos) debería estar localizada cerca de Karlskrona, una moderna ciudad sueca. Luego el Catálogo menciona los reinos aqueos (Argolis, Lacedemonia, Pilos, Arcadia y Elis) del plano Peloponeso, Duliquio y el archipiélago de Ítaca.

     De este modo, la Ilíada confirma la identificación anterior con Sjælland, Langeland y Lyø. La "espaciosa tierra" de Creta, que Homero nunca identifica como una isla, está a lo largo de la costa polaca del Báltico; no tiene nada que ver con la isla del Mediterráneo. (Aunque Creta desempeñe un papel muy significativo en la mitología griega, "no hay nada en el arte minoico-cretense que parezca ilustrar ningún tipo de leyenda conocida", Vidal-Naquet 1991, XX).

El Mundo de Homero según el Catálogo de las Naves

     Después el Catálogo se dirige hacia las regiones de Báltico oriental, donde Hellas está en la Estonia de hoy, encarando al Helesponto (en cambio, la contigüidad natural de Hellas con el Helesponto no fue sostenida en el mundo griego). Fthía, la patria de Aquiles, está en las fértiles colinas del Sudeste de Estonia, a lo largo de la frontera con Letonia y Rusia, extendiéndose tan lejos como hasta el río ruso Velikaja y el lago Pskov. Los mirmidones y los ftianos vivieron allí, gobernados por Aquiles y Protesilao respectivamente. Después, la secuencia alcanza la costa finlandesa, de cara al Golfo de Botnia, donde está el pueblo de Jolkka, que nos recuerda a Yolco, la mítica ciudad de Jasón. Más al Norte, uno puede identificar el monte Pelión —la región de los lapitas y los centauros— así como la localización de Pieria, al Norte del Círculo Artico, lo que es confirmado por una aparente anomalía astronómica, vinculada al ciclo lunar (Humbert 1967, p. 108), que se encuentra en el homérico Himno a Hermes, que sólo puede ser explicada por la latitud alta (Vinci 2006, pp. 287-288).

     El caso de Sidón confirma esta reconstrucción. Realmente, según la Ilíada, Sidón está en el curso entre Troya y Esparta —como resulta de un pasaje que se refiere al viaje de Paris con Helena (Ilíada VI:289-292), que es confirmado por el camino de regreso de Menelao (Odisea XV:118)—, pero en un ambiente en el Mediterráneo, Sidón está muy lejos tanto de Troya como de Esparta, o más bien, a más de 700 kms. del Mar Egeo. En cambio, en el escenario báltico, ya que Troya y Esparta resultan estar en Finlandia del Sur y en el lado Sudeste de Sjaelland respectivamente, se sigue que los sidonios, "los grandes artesanos" (Ilíada XXIII:743), probablemente vivían en la costa de Suecia, lo que es confirmado por Tácito: "Las tribus de los Sitones son seguidas por los Suiones" (Germania 45:6), donde los Suiones son los suecos de hoy.


Andanzas de Odiseo

     Después de la Guerra de Troya, una tormenta desvió a Odiseo de la ruta de regreso, de manera que se vio involucrado en muchas aventuras: sus andanzas están ambientadas en el Atlántico del Norte, hasta que finalmente llega a Ogigia. De hecho, un mapa de Adán de Bremen, que se remonta al siglo XI, muestra que los cíclopes vivían a lo largo de la costa de Noruega del Norte, donde también hay una "isla de los cíclopes" (Insula Cyclopum) (Bjørnbo 1912, p. 70).

     Además, ese mapa coloca la Terra Feminarum en las orillas bálticas, donde, según Adán de Bremen, "están las Amazonas" (Gesta Hammaburgensis Ecclesiae Pontificum IV:19). Eso coincide con el hecho de que, según la Ilíada, las Amazonas vivían en el área báltica y habían luchado contra el rey Príamo antes de la guerra de Troya (Ilíada III:189).

MAPA DE ADAM DE BREMEN ESQUEMATIZADO

     Además, Saxo Grammaticus afirma que ellas vivieron en Dinamarca en tiempos antiguos (Gesta Danorum VII, VI: 8). Los cíclopes, por lo tanto, vivían a lo largo de la costa de Noruega (ellos podrían ser comparados con los Trolls del folklore noruego).

     El mapa también muestra que los cíclopes vivían en la región de los Montes Rífeos. Adán también dice: "Los Montes Rífeos (...) donde viven los cíclopes, quienes tienen sólo un ojo en medio de la frente" (Gesta Hammaburgensis IV: 25), lo que calza con el hecho de que los cíclopes vivían "en lo alto de altas montañas" (Odisea IX:113).

    De este modo, los míticos Montes Rífeos, a los que los geógrafos antiguos colocaban vagamente hacia el Norte, son las montañas de Noruega central y del Norte. Uno también podría preguntarse si el nombre "Rífeo" (o "Rípeo") deriva por metátesis [transposición de sonidos o sílabas] del nombre de Hypereiē, la "tierra alta" que los feacios habían compartido con los cíclopes (Odisea VI:4-5) antes de instalarse en Esqueria.

MAPA DE ADAM DE BREMEN


     Después de los cíclopes, Odiseo llegó a la tierra de los lestrigones, donde hay días muy largos, causados por la alta latitud. En cuanto a la isla de Circe, "la que tenía muchas drogas" (polypharmakos, Odisea X:276; ella era, por lo tanto, una típica chamán lapona, experimentada en pociones psicotrópicas), dicha isla está al Norte de las Lofoten. Realmente, en Aeaea hay fenómenos árticos típicos, como el Sol de Medianoche (Odisea X:190-192) y la danza del alba (XII:4).

     Las Sirenas son bajíos muy peligrosos para los marineros, que son atraídos por el atractivo ruido de la turbulencia (el "canto de las sirenas") y se engañan a sí mismos con que la tierra está al alcance, y si ellos se acercan, están obligados a naufragar en los arrecifes. Éste es el mecanismo típico de una especie de metáfora conocida como kenning, un recurso poético comúnmente usado en la poesía nórdica y también en las obras de Homero: la expresión "caballos de mar" (Odisea IV:780) usada por Penélope para señalar los barcos, es idéntica al nórdico vágmarr, "caballo de las olas" (probablemente también el famoso "caballo de madera" es un kenning para indicar un barco).

     La descripción de Caribdis corresponde a las características del Maelstrom, el célebre remolino, cerca de las islas Lofoten, descrito en la novela "Un Descenso al Maelstrom" de Edgar A. Poe. En aquella área la gran cueva llamada Kollhellaren y la isla de tres puntas de Mosken equivalen perfectamente a la cueva de Escila y la isla Trinacia, la que significa "tridente". El Señor de Trinacia es el Sol Hiperión, donde hyperìōn significa "acercarse": dada la localización de Trinacia por encima del Círculo Ártico, esto se refiere al fenómeno del Sol de Medianoche, que se mueve siempre por encima del horizonte durante el verano ártico. Luego Odiseo alcanza Ogigia en las islas Faroe, antes de la costa noruega.

     Esas aventuras, probablemente tomadas de cuentos de antiguos marineros y elaboradas otra vez por la fantasía del Poeta, representan la última memoria de rutas oceánicas seguidas por los antiguos navegantes de la Edad del Bronce nórdica cuando el clima era más templado que ahora; finalmente su identificación se fue haciendo borrosa debido a su transposición en un contexto del Mediterráneo totalmente diferente.


EL ORIGEN NÓRDICO DE LA CIVILIZACIÓN MICÉNICA

Fragmentos de Evidencias en Grecia

     Hay muchas piezas arqueológicas de evidencia encontradas en Grecia relativas al origen nórdico de la civilización micénica (cf. Nilsson 1933, pp. 71-86): "Un descubrimiento muy importante fue hecho en una tumba de cámara en Dendra (...) Dos losas de piedra fueron encontradas allí (...) Sus similitudes con los menhires, conocidos desde la Edad del Bronce de Europa Central, son asombrosas (...) Si esto es así, es una corroboración muy contundente del origen nórdico de los micénicos" (Nilsson 1933, pp. 80-81). Además, "El ámbar es encontrado con frecuencia y en grandes cantidades en muchas tumbas micénicas del continente, p. ej., en las primeras tumbas de columna en Micenas (...) Se encuentra especialmente en tumbas micénicas tempranas, mientras que es escaso o totalmente ausente en tumbas posteriores. La escasez extrema del ámbar en Creta está en un fuerte contraste con los abundantes hallazgos en el continente (...) Hay sólo una explicación de la diferencia, a saber, que un pueblo que emigró desde el Norte trajo el gusto y el uso del ámbar consigo" (Nilsson 1933, p. 76). Realmente, "el ámbar del Báltico primero hace su aparición en el Egeo alrededor del tiempo de las tumbas de columna de Micenas" (Renfrew 1990, p. 219).

     Lo que dijimos sobre el ámbar, abundante "en tumbas micénicas tempranas, mientras que es escaso o totalmente ausente en tumbas posteriores", puede ser extendido a las espadas: "En las tumbas de Micenas de los siglos XVII y XVI a.C., durante el período de formación de los reinos micénicos, todos los guerreros eran sepultados con un gran número de espadas, en promedio aproximadamente diez por persona. Al contrario, en los siglos siguientes sólo unos pocos guerreros fueron sepultados con una espada, y nunca más que una (...) Eva Hjärtner Holdar enfatiza que el número de bronces de repente aumenta dramáticamente en Escandinavia en el siglo XVII a.C. (...) ¿Deberíamos pensar que las espadas fueron introducidas en la Europa escandinava y desde allí se difundieron a otras regiones europeas? Según los datos de Eva Hjärtner Holdar, parece ser así" (Giumlia-Mair 2013, p. 328).

     Esto coincide con las espadas de bronce, similares a espadas micénicas, encontradas en Alemania cerca del pueblo de Nebra (50 kms. al Oeste de Leipzig), junto con un disco de bronce de unos 30 cms. de diámetro, incrustado con símbolos de oro, es decir, un Sol o Luna llena, una Luna creciente, y estrellas, incluyendo un racimo interpretado como las Pléyades. "El disco ha sido datado de 1600 a.C." (Pásztor 2015, p. 1350). Lo que está retratado en el disco de Nebra es muy similar al tema representado en la capa central del escudo de Aquiles (Ilíada XVIII:483-487): el cielo con el Sol, la Luna y las estrellas, donde las Pléyades también son mencionadas. Todo eso forma un asombroso "triángulo" entre el mundo nórdico, el mundo homérico y el mundo micénico.

     Además de la asociación de ámbar báltico y espadas, hay pruebas adicionales del origen nórdico de los micénicos: "Los palacios micénicos recuerdan los fríos y húmedos países del Norte desde los cuales ellos indudablemente habían llegado (...) Ellos son muy diferentes de la concepción arquitectónica típicamente Mediterránea de los edificios de Creta" (Lévèque 1970, p. 47). Además, la estructura del megaron, la sala principal de los edificios micénicos, "es idéntica a la sala de los antiguos reyes escandinavos" (Nilsson 1933, p. 75).

     La migración de los micénicos desde el Norte es corroborada además por sus rasgos físicos: "Los indoeuropeos que se instalaron en Grecia deben haber sido altos y rubios, tal como los corpulentos héroes rubios de Homero" (Giannelli 1983, p. 52). Los restos encontrados en tumbas micénicas sugieren hombres que tenían "el físico de un campeón" (Edwards 1973, p. 438), y estudios antropológicos de restos humanos encontrados en la necrópolis micénica de Kalkani dejan claro "que sería posible referir los cráneos de las mujeres al tipo Mediterráneo, pero que los cráneos de los hombres tienen una capacidad más grande que la que es habitual allí, y no puede hacerse ninguna objeción si se piensa que ellos pertenecen a hombres nórdicos. La misma diferencia es observada entre el rey y la reina de Dendra (...) En la época micénica, la gente dominante tenía conexiones nórdicas" (Nilsson 1933, p. 85).

     Además, Geoffrey Bibby subraya "el origen común de los príncipes aqueos de Grecia y Asia Menor en el siglo XV a.C. y los agricultores adoradores del Sol de Escandinavia" (Bibby 1966, p. 190), y, a su vez, Bertrand Russell sostiene: "Hay rastros que con la mayor probabilidad confirman que ellos eran conquistadores de habla griega, y que al menos la aristocracia estaba compuesta por invasores nórdicos rubios que trajeron la lengua griega con ellos" (Russell 1991, p. 29).


La Nórdica Edad del Bronce y "El Colapso del Marco Tradicional"

     Si la arqueología micénica ha traído a la luz esta evidencia de sus orígenes del Norte, por otra parte la arqueología nórdica muestra correlaciones estrictas entre la Edad del Bronce escandinava y las civilizaciones egeas contemporáneas. Un ejemplo notable es la extraordinaria tumba encontrada cerca de Kivik en el Sur de Suecia que consiste en un gran túmulo de piedra circular, de no menos de 75 metros de diámetro, conocido como "Bredarör". Contiene un sarcófago, que es de aproximadamente 4 metros de largo, construído con losas de piedra cuadradas grabadas con figuras estilizadas de seres humanos, animales y objetos como hachas y ruedas.

     Los arqueólogos reconocen las semejanzas entre esas figuras y los hallazgos de la Edad del Bronce tanto en áreas egeas como del Oriente Próximo: Klavs Randsborg, después de analizar las figuras grabadas en las losas de la tumba, las compara con las imágenes de un sarcófago de Hagia Triada en Creta y con las estelas de las tumbas-columnas de Micenas (cf. Randsborg 1993). Realmente, hay intrigantes similitudes entre esa tumba escandinava y los descubrimientos de la Edad del Bronce egea, que han confundido ya a los estudiosos en el pasado, tanto, que en el siglo XIX uno de ellos incluso atribuyó la construcción de la tumba a los fenicios (Randsborg 1993, p. 114). Randsborg trata con esos paralelos con la debida precaución: "Todas las otras alusiones quedan para el lector" (Randsborg 1993, p. 2). Su prudencia es muy comprensible porque los paralelos entre un fenómeno tan macroscópico como la tumba de Kivik y las civilizaciones del Mediterráneo contemporáneas son inexplicables, a menos que uno admita que los micénicos vinieron del Norte, como Martin Nilsson y Bertrand Russell abiertamente lo declaran.

     Los tallados rupestres como aquellos encontrados en la tumba de Kivik son típicos de la Edad del Bronce nórdica. Ellos se concentran "en tres temas principales, es decir, barcos y transporte, agricultura y ganado, y armas y duelos" (Bibby 1960, p. 279), todos los cuales son típicos también del mundo homérico. Además, "las peleas, los asaltos y la piratería eran acontecimientos regulares en las vidas de la gente nórdica" (Melheim 2014, p. 2) al igual que como lo eran en Homero. Además, "La variedad de objetos de bronce germánicos era asombrosa: había espadas preciosas, valiosos ornamentos, discos de culto enchapados en oro, sujetadores, hebillas, cascos, escudos, gargantillas e incluso elementos para rasurarse, y adornos para orejas y manos. (...) 1.500 años antes de la llegada de los romanos a los territorios nórdicos, había ya niveles de vida y civilización tan altos, que sólo pueden ser comparados a la civilización griega del mismo período" (Fischer-Fabian 1985, p. 90).

     Los arqueólogos suecos han encontrado recientemente una ciudad grande y hábilmente planeada, que se extiende por más de 1 km², en el sitio de Bjästamon, a las afueras de Härnösand en el Norte de Suecia, que se remonta al 3er milenio a.C. "De los descubrimientos parece que esta ciudad, datada de alrededor de 2800 a.C. y enorme para aquel período, estuvo en contacto e intercambió bienes con los territorios de Rusia, Carelia, Polonia, Alemania y Dinamarca (...) El mapa de distribución de minas de cobre en Suecia muestra que las más grandes y más importantes están localizadas alrededor de Bjästamon. Así es posible que la razón de la riqueza de la ciudad fuera el cobre, fácilmente accesible y trasladable incluso en esas latitudes durante un período en el cual el clima era benigno" (Giumlia-Mair 2013, p. 326).

     Esto también cuadra con el hecho de que la datación con radiocarbono, corregida con la dendrocronología (es decir, la calibración según los anillos de los árboles), recientemente cuestionó el dogma del origen del Este de la civilización europea. Colin Renfrew describe las consecuencias para la cronología tradicional: "Estos cambios traen con ellos toda una serie de alarmantes inversiones en las relaciones cronológicas. Las tumbas megalíticas de Europa occidental ahora han llegado a ser más viejas que las Pirámides o que las tumbas redondas de Creta, sus supuestas predecesoras. Las tempranas culturas de los Balcanes que usaban metales son anteriores a Troya y a la Edad del Bronce temprana en la zona egea, de las cuales supuestamente habían derivado. Y en Gran Bretaña, la estructura final de Stonehenge, una vez considerada como la inspiración de la maestría arquitectónica micénica, estaba completa mucho antes de que la civilización micénica comenzara" (Renfrew 1990, p. 76). Por consiguiente, en un capítulo que se titula significativamente "El Colapso del Marco Tradicional", Renfrew llega tan lejos como a decir: "El edificio entero cuidadosamente construído se está viniendo abajo, y el argumento de los libros de texto estándares debe ser descartado" (Renfrew 1990, p. 115).

     Su conclusión es impactante: "Los vínculos cronológicos convencionales se han roto; y las innovaciones del Mediterráneo del Este, que fueron supuestamente llevadas a Europa mediante una difusión, son encontradas ahora en fecha más temprana en Europa que en el Este. Todo el marco difusionista entero colapsa, y con él las presunciones que sostuvieron a la arqueología prehistórica durante casi un siglo. Éstas son las consecuencias de lo que puede ser justificadamente llamado la segunda revolución del radiocarbono" (Renfrew 1990, p. 94).

     También habría que señalar que los graffiti de una daga "micénica" fueron encontrados en uno de los monolitos de piedra arenisca de Stonehenge en 1953; otros rastros en la misma área parecen preceder al surgimiento de esa civilización en Grecia.

     El origen nórdico de los micénicos también puede explicar la actitud positiva de los antiguos griegos —quienes por lo general despreciaban a los "bárbaros"— hacia los hiperbóreos, los míticos habitantes del Norte: Diodoro Sículo, en un pasaje sobre el culto de Apolo, declara que los délficos y los hiperbóreos estaban "en términos muy amistosos", y que "ellos habían heredado esa tradición de amistad de tiempos antiguos" (Bibliotheca Historica, II:47). Una idea similar había sido expresada por Heródoto muchos años antes: "Por aquellas doncellas hiperbóreas que murieron en Delos, las muchachas y los muchachos delios cortan su cabello" (Historias IV:34).

     Los hiperbóreos estaban vinculados con Apolo: Píndaro los llama "la gente de Apolo, los hiperbóreos" (Olympian 3:16). En cuanto a ese dios, un caso muy interesante "es el famoso carro solar encontrado en un pantano en Trundholm (Dinamarca). Parece materializar un mito idéntico al mito griego de Apolo. El Sol, en su carro tirado por un caballo, surge al alba desde las aguas primordiales, cruza el cielo, y luego en el crepúsculo se zambulle otra vez en esas aguas, de las cuales surgirá purificado y regenerado" (Otte 2008, p. 183).

     Por otra parte, "Los climatólogos generalmente están de acuerdo en que hace cuatro milenios y medio nuestro planeta era cuatro grados Celsius más cálido y que en Escandinavia existió el llamado Óptimo Climático Post-Glacial. El cambio del clima comenzó hacia 2700 a.C. El clima cálido, comparable al del Mediterráneo de la actualidad, permitió una población relativamente densa y una buena agricultura, con incluso uvas siendo cultivadas en Escandinavia en ese tiempo. La Edad del Bronce nórdica se caracterizaba entonces por un clima cálido y las minas eran, muy probablemente, mucho más accesibles que lo que lo son ahora. Jean-François Maréchal, en un estudio acerca de la minería y metalurgia prehistóricas escandinavas, enumera una gran cantidad de minas de cobre que pudieron haber sido explotadas entonces, y llega tan lejos como a sugerir que Escandinavia podría incluso haber sido la cuna de la metalurgia europea (...) La idea de que pudo haber existido una extractiva metalurgia local ya en una etapa temprana es ciertamente aceptable, y la rica producción de objetos metálicos pesados y complejos en la Edad del Bronce puede confirmar esta teoría" (Giumlia-Mair 2009, pp. 130-131).


La Migración de los Aqueos

     ¿Qué indujo a los aqueos a trasladarse hacia el Mar Mediterráneo? Probablemente las consecuencias de la catastrófica explosión de la isla Thera (aproximadamente en 1620 a.C.), cuyos efectos fueron sentidos por todo el mundo, hasta el punto de que algunos eruditos los han relacionado incluso a la historia de China (cf. Foster 1996). Los aqueos probablemente siguieron el río Dnieper bajando hasta el Mar Negro, tal como los varegos (vikingos suecos, cuya cultura es, desde muchos puntos de vista, similar a la de los aqueos) lo harían en el siglo IX d.C. para fundar el reino de Rus (después, muchos de ellos sirvieron en el ejército bizantino, constituyendo la Guardia Varega de la élite). Realmente, las micénicas tumbas de columnas recuerdan las tumbas contemporáneas de los límites inferiores del Dnieper, donde "otra vez se encuentra una curiosa postura de entierro con las rodillas dobladas, como en Micenas" (Piggott 1968, p. 123).

     Los migrantes llevaron con ellos los topónimos de su perdida patria nórdica a los sitios donde ellos finalmente se establecieron (como sucedió cuando los europeos colonizaron América), y durante muchas generaciones ellos conservaron la memoria de la edad heroica y las hazañas realizadas por sus antepasados en su perdida patria.

     Sin embargo, el recuerdo de la migración desde el Norte se debilitó después de la caída del mundo micénico a manos de los dorios (siglo XII a.C.). De esa manera los antiguos cuentos orales, que se remontaban al distante pasado escandinavo, fueron cristalizados como "mitos" separados de cualquier realidad temporal y geográfica. Muchos años después, alrededor del siglo VIII a.C., esa tradición oral fue puesta por escrito: ahí está el origen de los poemas homéricos y del resto de la mitología griega.

     A propósito, "una curiosa circunstancia en cuanto a Homero es su aparición en escena justo al final de período oral, cuando la escritura, gracias a la introducción de un práctico sistema alfabético desde el Este, en el siglo IX o a principios del VIII a.C., comenzó a difundirse en la tierra griega" (Kirk 1989, p. 82). Sin embargo, creemos que esa coincidencia no fue un simple azar en absoluto: los cantos épicos orales que dieron surgimiento a los poemas homéricos probablemente fueron puestos por escrito tan pronto como el nuevo sistema de escritura estuvo disponible.

     La analogía con los varegos puede ayudar a solucionar otro problema: ¿es posible identificar, entre los pueblos aqueos mencionados por Homero, a los que fueron los fundadores del mundo micénico, el que a su vez estuvo en el origen de la civilización griega? Para contestar esta pregunta debemos considerar primero que los varegos eran la rama sueca de los vikingos escandinavos, cuyas líneas de expansión apuntaron al Este, mientras que los nórdicos y los daneses apuntaron al Oeste y al Sur respectivamente. La geografía, por lo tanto, sugirió los desplazamientos de poblaciones en la Edad Media. Es razonable creer que la misma situación ya había ocurrido en la Edad del Bronce.

     Realmente, como uno puede inferir de la reconstrucción del mundo homérico, los jonios (es decir, los homéricos Iaones) vivían en el Sur de Svealand, es decir, la región sueca que toma su nombre de los Suiones mencionado por Tácito (Germania 45, 6). Ese nombre, Suiones, es lingüísticamente equivalente al de los jonios homéricos, como es demostrado por Arduino Maiuri. Entonces es probable que los aqueos que emigraron al Mar Egeo para fundar la civilización micénica —cuyo idioma era un dialecto jónico, que es bastante similar al de Homero— fueran jonios llegados de Suecia.

     También hay que considerar que otro dialecto jónico es el de la clásica Atenas, la ciudad de Platón, quien nos ha transmitido la descripción de su contraparte sueca primordial, que está en la región de la moderna Karlskrona, muy diferente del Ática griega; además, también "la parte donde está la Acrópolis era muy diferente de la de hoy" (Critias 111e). Esto clarifica por qué el nombre de Atenas es plural: según la morfología típica de muchas costas bálticas, la localización primitiva de la ciudad estaba fragmentada entre varias islas y penínsulas (esto es confirmado por otro ejemplo del mundo clásico, es decir, la forma plural latina del nombre Siracusa en Sicilia, que se deriva de la peculiar topografía de aquella ciudad, abarcando el continente y la isla de enfrente). Esto también explica por qué el nombre de la Tebas beocia ocurre en plural: su precursora báltica está no muy lejos de las islas donde Estocolmo está hoy. Por otra parte, las volutas de los capiteles jónicos —pensemos en el Erechtheum en la Acrópolis de Atenas— son espirales, es decir, una decoración muy común de la Edad del Bronce nórdica.


CONCLUSIONES

     Un escenario nórdico para las epopeyas resuelve muchos problemas de la narrativa homérica. Muchas referencias en los poemas hablan claramente de fenómenos típicamente nórdicos, como las noches claras (en la batalla más larga de la Ilíada y en la tierra de los lestrigones); el Sol de Medianoche (en la isla de Circe y en Trinacia); las danzas del Alba (en la isla de Circe); la oscuridad del solsticio de invierno (en la tierra de los cimerios y en el homérico Himno a Hermes); la aurora boreal (cf. Ilíada XVII:547); las anomalías en las fases de la Luna (en el homérico Himno a Hermes), etcétera.

     Es significativo que los dos poemas se refieran a territorios completamente lejanos. La Odisea indica la posición de Esqueria, Ítaca y los reinos del Peloponeso, y por medio de las andanzas de Odiseo nos da un cuadro coherente de la costa atlántica de Noruega y las islas que tiene al frente. La Ilíada nos permite reconstruír el área troyana y los asentamientos aqueos a lo largo del Báltico en la temprana Edad del Bronce. En resumen, la información geográfica extraída del universo homérico entero encuentra su localización natural en cuatro "racimos" principales, es decir, el mundo itaquense en las islas danesas; el mundo de Troya en el Sur de Finlandia; el mundo aqueo a lo largo de las costas bálticas, y las aventuras de Odiseo en el Océano Atlántico del Norte.

     Cada uno de esos grupos calza cercanamente en geografía, morfología, clima y toponimia con las regiones correspondientes encontradas en el mundo nórdico, considerando también las inconsistencias de la tradicional localización en el Mediterráneo, respecto de la cual Claudio Cerreti afirma: "El escenario Mediterráneo de los poemas homéricos no es una verdad científica sino simplemente una tradición, que siempre ha provocado interminables problemas de demostración. Pero esta tradición está profundamente arraigada y casi incrustada en nuestra cultura, a tal punto que representa la única pero formidable resistencia contra toda hipótesis divergente" (Cerreti 2000, p. 320).

     ¿Y qué hay de la arqueología? Además del hecho de que, como indican importantes eruditos, el origen nórdico de los micénicos está basado en pruebas arqueológicas encontradas en suelo griego, también habría que considerar: las semejanzas, que se remontan a la Edad del Bronce, entre artefactos nórdicos y egeos; los túmulos y tallados de rocas de la Edad del Bronce que retratan barcos que han sido encontrados exactamente donde los navegantes feacios estaban establecidos, como está determinado tras seguir a Homero al pie de la letra; las analogías entre restos significativos de la Edad del Bronce escandinava (como en Kivik) y restos egeos contemporáneos; los rastros que los micénicos dejaron en Wessex (Inglaterra) al menos muchos años antes de que ellos se instalaran en Grecia; y el disco de Nebra con dos espadas "micénicas". Además, el sitio de Bjästamon en Suecia muestra la existencia de una desarrollada civilización urbana en el Norte de Europa, que se remonta al 3er milenio a.C. Todo esto calza con la datación de la Edad del Bronce nórdica en un tiempo anterior y con "el colapso del marco tradicional", como sostiene Colin Renfrew.

     Sin embargo, esta investigación está todavía abierta. Requiere confirmaciones arqueológicas adicionales, después de las cuales una cantidad inmensa de investigaciones en muchos campos, directa o indirectamente relacionados con esta teoría, espera a los expertos, como es normal en el mundo científico cuando hay un cambio de paradigma tan arrollador. La relación entre el mundo de la Edad del Bronce nórdica y la Jonia mediterránea sueca (que fue la base de la civilización griega: sólo debemos pensar en Heródoto, nacido en Jonia) parece ser sumamente intrigante y abierta a muchos y enormes avances acerca del alba de la civilización griega, considerando también que aquello retrotrae en mil años la historia de Europa.

     Esta propuesta interpretativa abre horizontes nuevos y fascinantes sobre el origen y la prehistoria de la civilización europea entera, arrojando luz sobre los pueblos de la temprana Edad del Bronce nórdica e iluminando su vida, cultura, religión e historia, que han sido casi totalmente desconocidas hasta ahora, dada la carencia de una literatura nórdica que se remonte a aquel período. Con Homero como nuestra estrella guía, somos capaces de desarrollar una nueva comprensión de nuestro común origen europeo.–




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